miércoles, 5 de septiembre de 2012

Capítulo tercero.


Los días pasan muy deprisa en su casa. Su casa. Todavía le cuesta pensar en ese lugar como su casa. Aunque cada vez ese lugar se va pareciendo más a un hogar. Entre los de la mudanza las limpiadoras y su familia de un lado para otro, las cosas pareen que van demasiado rápido. La casa está quedando más bonita de lo que imaginaba. El salón está increíble con los sofás color chocolate y repletos de cojines. Las cortinas, a los lados de los enormes ventanales, parecen interminables. Su madre se está esforzando mucho para que ese lugar se convierta en su nuevo hogar. Pero, lo que más le gusta, sin duda, es su nueva habitación. Tiene una cama de matrimonio para ella sola con unas preciosas ventanas encima. El vestuario ya está lleno de ropa y su escritorio ya está repleta de libros que le harán falta para cuando empiece su nuevo curso. Su cuarto de baño es enorme, en unos tonos crudos y celestes que la enamoran. A su habitación no le fatal de nada.
Es domingo y está nerviosa, por lo que decide salir a correr por la mañana para relajarse. Es tarde. Son las doce y no consigue dormir. Pero después de dar muchas vueltas en la cama, consigue dormirse. A las seis de la mañana el despertador suena y Rebeca salta de la cama. Está llena de energía. Demasiada quizá. Se pone unas mayas negras con una camiseta blanca y una sudadera azul con sus deportes. Entra en el cuarto de baño, se lava la cara y se hace una cola alta. Cuando sale coge su ipod y el móvil y baja las escaleras. Es muy temprano y todos están dormidos asique procura no hacer ruido. Rebeca coge las llaves de la mesita de la entrada y sale de casa. Tiene que estar en clase a las ocho y media, asique tiene solo cuarenta minutos para correr. Menos mal que el instituto está cerca sino se hubiese tenido que levantar más temprano. Pone el cronómetro, enciende el ipod y comienza a correr. Nota que al principio le cuesta, pero consigue aguantar. A medida que pasa el tiempo nota como empiezan a llenarse las calles. Cuando apaga el ipod porque está llegando a casa. Se cocha con alguien y ambos caen al suelo.
-¡Perdón! Lo siento mucho. De verdad. Iba distraída y no miraba por donde iba. –Rebeca está muerta de vergüenza.
-No te preocupes. Yo también estaba distraído. Tenía que haberme dado cuenta de que venías.
Rebeca, que ya se ha levantado, mira al joven de pelo castaño y ojos verdes que está a su lado. Es guapísimo.
-No, es culpa mía. Estaba deseando llegar a casa y no me daba cuenta de nada.
-Insisto en que es culpa mia. – Y sonríe. Rebeca también sonríe. Entonces se produce un silencio. Un momento realmente incómodo, hasta que Rebeca habla.
-Bueno, me tengo que ir, si no llegaré tarde a clase. –Rebeca se despide antes de que al chico le de tiempo a decir nada más. En un momento llega a su casa y entra. Cuando abre la puerta le llega un olor a tostadas recién hechas. Su familia está en la cocina. Hoy es el primer día para todos.
-Buenos días Rebeca. –Begoña le da un beso en la mejilla. –Has madrugado mucho.
-Sí. He salido a correr para despejarme.
-Pues corre, dúchate y desayunamos todos juntos.
-Vale, no tardo.
Rebeca sube las escaleras y rápido entra en la ducha. Se lava el pelo también. Cuando termina se pone las toallas y se dirije al vestidor. Escoje una blusa cerrada de media manga con encaje y unos vaqueros con unas sandalias doradas.Tiene todavía la toalla en la cabeza pero baja a desayunar.
-Cariño, papá os llevará a ti y a los gemelos y luego os recogerá a las tres.
-Vale.
Rebeca termina de desayunar y sube  su cuarto. Se seca el pelo y se lo plancha. También se pita un poco.  Baja, le da un beso a su madre y a Alex, y sale de la casa donde su padre y sus hermanos la esperan montandos en el coche. Rebeca sube y comienza su camino hasta lo que ella piensa que es el inferno. Ella se baja la última y su padre la para antes de bajar:
-Rebeca, tranquila, puedes hacerlo. Verás como será un gran día. –Su padre le da un beso en la frente.
-Lo sé papá. –Y ella le da un beso en la mejilla.
Rebeca baja del coche, respira hondo y se dirije hacia la puerta del instituto. Hay mucha gente, algunos la miran, otros simplemente no se han dado cuenta de que hay una alumna nueva. Entra en el instituto y pronto encuentra la sala de orientación en la que hay ua mujer mayor con el pelo canoso y cara de pocos amigos. Ésta le da los buenos días y le pregunta que qué quiere. Rebeca le dice que es nueva y le da su nombre. La mujer busca algo en el ordenador y saca un horario y unas llaves, le dice la convinación y se la apunta. Rebeca sale de la sala y mira su horario. A primera hora tiene química en la segunda planta. Sube pero no consigue encontrar la clase asique reune el valor suficiente para preguntarle a un grupo de tres chicas que hablan al lado de sus taquillas.
-Perdonad,¿sabéis dónde está la clase de química? –Las tres chicas se giran y la miran. Una rubia de pelo rizado y ojos azules, la mira y sonríe.
-Eres nueva,¿verdad?
-Sí. Es que llevo un rato buscando la clase de química y no la enccuentro.
-Yo voy a esa clase. Te acompaño. Chicas nos vemos luego. –Las amigas se despiden y la chica acompaña a Rebeca.
-Por cierto, me llamo Kate.
-Yo soy Rebeca.
Las jóvenes conversan de camino a la clase de química. Entran y se sientan juntas. Dos minutos después entra un hombre de mediana edad con el pelo canoso con gafas y comienza a hablar.
-Hoy tenemos una nueva alumna con nosotros. Señorita Mendoza, bienvenida a mi clase. Espero que su estancia sea lo más grata posible. –Rebeca se muere de la vergüenza. Todos la miran.
-Es un borde, ya lo verás. – Y se ríe.
-Bueno, creo que lo soportaré. –Rebeca ríe mientras pone su móvil en silencio.
La clase transcurre tranquila. El profesor de química está hablando de moles y gramos cuando el tiempre suena y todos los alumnos se levantan a la vez. Kate para a Rebeca y le pregunta qué clase tiene hoy.
-Yo tengo ahora historia en la primera planta. –Rebeca saca su horario. Al parecer ella no tiene historia.
-Yo tengo matemáticas en esta planta.
-Ah, bueno , pues te acompaño y nos vemos en la cafetería a la hora de comer. Por si no nos volvemos a ver. ¿Qué te parece?- Kte parece una chica simpática y extrovertida. Durante la clase anterior no a parado de hablar con ella y con la chica de atrás. No sabe si después sacara buenas notas, porque habla demasiado. Pero le cae bien.
-Estupendo. Allí nos vemos.
Kate acompaña a Rebeca a la clase de matemáticas al final del pasillo, y se despiden. Parece que el día no está saliendo nada mal. La profesora de mates presenta a Rebeca a la clase y e d instrucciones de lo que están dando. Curiosamente están dando funciones. Algo que ella ya domina. La clase se presenta tranquila, más bien aburrida. Una chica de pelo rizado, morena y de ojos marrones, se ofrece a dejarle sus apuntes para que se ponga al día. Parece una chica agradable.
La mañana transcurre entre francés e historia y pronto llega la hora del almuerzo. Tarda poco en encontrar la cafetería, en la primera planta, y encuentra a Kate que está sentada con cuatro chicas. Reconoce a una de ellas.
-Hola Rebeca. –Saluda Kate con etusiasmo.
-Hola. –Sonríe tímidamente.
-Chicas, esta es Rebeca, va a mi clase de química. Es nueva.
-Hola Rebeca, yo soy April. Vamos juntas a mates,¿recuerdas?
-Claro que me aucerdo. Seguro que tus apuntes me ayudan mucho. –Rebeca se siente extrañamente tranquila.
-Yo soy Helen y esta es Caroline. Encantadas de conocerte. –La dos últimas chicas son de estatura media. La primera es morena de ojos azules y la segunda rubia con los ojos verdes. Las cuatro son muy guapas y parecen muy buenas amigas. Le recuerda a ella y a sus amigas españolas. Las echa mucho de menos. Rebeca se sienta y todas comienzan a preguntarle todo tipo de cosas. La escuchan atentamente. Están casi terminando de almorzar cuando cuatro chicos se acercan a su mesa. Rebeca los mira atentamente. Son muy guapos. Dos rubios y dos morenos. Son los típicos chicos que te enamoran solo con verlos.
-Mira Dan, esta es Rebeca, es nueva en el insituto. Y española.
-Hola Rebeca, encantado de conocerte. –Rebeca le da la mano. Se siente rara. No está acostumbrada a saludar así. Dan es un chico guapo, moreno con los ojos celestes.
-Lo mismo digo Dan.
-Mira, estos son Harry, Peter y Gary. -¡Qué chicos tan guapos! Peter y Gary son rubios con los ojos verdes y marrones respectivamente. Harry es el otro moreno con unos increíblemente grandes ojos marrones.
-Encantada chicos. –Es una situación extrañana. No esperaba conocer a tanta gente hoy. Parece que su padre tenía razón. Siente que el instituto no es tan malo como pensaba.
-Nosotros también. – Responde Peter.
-Bueno, yo me tengo que ir. Tengo inglés.
-Yo también tengo inglés. –Contesta Gary.
-Yo también. –Dice April.
Los tres se levantan, se despiden de los demás y se dirijen a su clase de inglés. Hablan animadamente. Rebeca piensa que debería sentirse incómoda, pero todo lo contrario. Hacen lo posible para que ella participe. Los tres se sientan juntos y pocos minutos después entra el profesor de inglés. El Señor Jonson. Es un joven simpático y agradable. Vuelven a presentarla a la clase. Le gusta. Hablan de un libro que deberán leer. Cuando dan las tres Rebeca se despide de sus nuevos amigos y va al coche donde su padre la espera. Está feliz. Tiene ganas de contárselo a Alex. Piensa que no estará tan mal como esperaba. Pero no tiene ni idea de lo que pasará cuando vaya terminando la semana.

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