martes, 4 de septiembre de 2012

Capítulo segundo.


Hablar con Emilio no ha sido fácil. No se lo ha tomado nada bien al principio, aunque al final, terminó entendiéndola. Las semanas pasan muy de prisa y antes de que se de cuenta, está con las maletas hechas todo empaquetado y de camino a Nueva York. Va a echar de menos España. Y sobre todo a sus amigas. No puede creer que no las vaya a ver en tanto tiempo. Mientras está sentada en el asiento del avión piensa en la fiesta sorpresa de despedida que le organizaron todas. Todos sus amigos estaban allí. No va a ser fácil acostumbrase a una vida neoyorquina. Está dejando atrás toda una vida, pero en Nueva York le espera otra llena de sorpresas. Sus padres le han dado una grata sorpresa viajando en business. Es increíble. Las ocho horas de avión se van a pasar rápido. Alex está sentado a su lado ojeando una revista. Mientras, Rebeca mira su cámara con las fotos de la fiesta del día anterior. Alex la mira con ternura.
-Se que los vas a echar de menos, pero allí también harás nuevos amigos.
-Sí, pero eso no se consigue de un día para otro Alex. Me da miedo el primer día, y no solo el primero, también lo siguientes. 
-Todos vamos a estar ahí para ayudarte Reb. No puedes dejar que eso te domine. Bueno, cambiemos de tema.¿No tienes ganas de saber como será la casa?
-Pues la verdad... es que sí.-Dice sonriendo.
-Lo ves, no todo es malo. Vamos a tener una casa nueva. Viviremos en Queens, será estupendo.
-¿Tu crees?
-Estoy seguro.
-Bueno, creo que voy a ver una película.hombre muy elegante 
-¿Cuáles hay?
-Mmm... No sé espera. Mira, está Pearl Habor. ¿Quieres verla?
-La has visto mil veces.
-Ya, pero me encanta y dura tres horas.
-Está bien, selecciónala.
No entiende por qué cada vez que ve esta película llora. Si siempre sabe lo que va a pasar. Pero sin embargo no puede evitarlo. Su hermano no deja de reírse. No soporta que haga eso. Todavía quedan cinco horas. Una azafata vestida con su uniforme azul y rojo se acerca a sus asiento y les pregunta que si quieren algo. Ambos aceptan y toman una Coca-Cola. Las horas pasan deprisa. Cuando se da cuenta sólo queda una escasa media hora para llegar a Nueva York. Rebeca está nerviosa. Piensa que hoy será el comienzo de una vida diferente a la que va a tener que acostumbrarse. 
Cuando el avión aterriza son las doce y diez, hora local. Al salir del aeropuerto un coche negro muy elegante negro, los está esperando. Un hombre muy bien vestido sujeta un pequeño cartel con los apellidos Mendoza Vázquez. Su padre habla con él en un inglés perfecto y cuando termina le traduce a su familia.
-Dice que ellos se encargarán de llevarnos a casa.
"A casa." Piensa Rebeca. Se montan en el coche que los dirige a su nuevo hogar. De camino a la nueva casa, Rebeca va con la cabeza baja. No quiere mirar por la ventana.
-Mira cariño,¿no te gusta?-Le pregunta su madre.
-¡Sí! Es sólo que estoy un poco mareada.
-Bueno, tranquila, cuando lleguemos y dejemos las cosas, iremos a comer algo y nos despejamos que han sido muchas horas en el avión.-Contesta su padre. Parece entusiasmado con su nueva vida aquí. Aunque no es el único. Sus dos hermanos pequeños tienen los ojos llenos de ilusión. Su madre por otra parte se muestra preocupada de que sus dos hijos mayores estén disgustados. Pero sabes que se acostumbrarán tarde o temprano.
En unos escasos treinta minutos llegan a su nuevo hogar. Por fin Rebeca mira por la ventanilla. Es increíblemente increíble. Tiene cuanto ¿dos, tres plantas? No puede ser. Tiene unas escaleras a la entrada del porche, un enorme balcón en el centro de la fachada y un sinfín de ventanas. Todos sus hermanos están fascinados, pero ella no es menos. ¿Esa va a ser de verdad su casa? Tiene que ser una broma. Será otra casa. Sí, eso es. Tiene que ser eso.
-Bienvenidos a nuestra nueva casa.-Dice su madre con una sonrisa en la cara.
Pues va a ser que no. Esta va a ser su nuevo hogar. Acostumbrada a su antigua casa de dos plantas, tan modesta, tan tan, tan normal. 


Cuando bajan del coche, se dirigen a las escaleras de la entrada. Mientras su padre se dirige a abrir la puerta, Rebeca no puede dejar de mirar el gran porche vacío. Cuando la puerta se abre, se escuchan exclamaciones de todos los miembros de la familia. Rebeca está deslumbrada por aquella enorme casa a la que se tendrá que acostumbrar  a llamar hogar. Lo primero que ve es una gran escalera al final del pasillo. Cuando mira a su derecha ve lo que debe ser el salón y a la derecha una cocina en, marrón y beig, con una mesa de mampostería y una chimenea en la que se puede poner una pequeña salita. La familia entra en el salón, en el que hay uno enormes ventanales que le dan una luminidad espectacular a la casa. Al final del pasillo, al lado de la escalera, hay un precioso baño moderno en blanco y negro con una gran bañera.
-¿Queréis subir a la planta de arriba?-Pregunta Gabriel  su familia.
-Claro que sí.-Responde Alex.
La familia sube a la segunda planta y descubren cuatro habitaciones con baños independientes. Los pequeños eligen sus habitaciones. Mientras, los demás suben a la tercera planta en la que solo hay una enorme habitación con su propio baño.
-Rebeca, hemos pensado que esta podría ser tu habitación. Es la más grande y tiene una terraza muy bonita.-Anuncia Begoña mientras la agarra por los hombros.
-Pero mamá, ¿papá y tú no la queréis? O tú Alex.
Seguro que no cariño. Aquí puedes estudiar tranquila sin que nadie te moleste. Y mira, esto es lo mejor.
Su adre la guía hacia la parte izquierda de la habitación y habre dos puerta de un color blanco crudo y se ve un pasillo con dos enormes estanterías para llenar de ropa a los lados.
-¡Dios mío!-Rebeca no cabe en su asombro. Ese armario es precioso. Es como el de Carrie, de Sexo en Nueva York. Es lo más bonito que ha biesto nunca. –Me encanta mamá, en serio. –Por primera vez, desde que supo la noticia, siente ilusión.
-Sabíamos que te gustaría, por eso queríamos darte la sorpresa. –Responde su padre.
-¿Seguro que no la quieres, Alex? –Realmente espera que diga que no. Le encanta la habitación.
- Claro que no. Yo no tengo tanta ropa como para llenar este armario.
El rostro de Rebeca se ilumina. Siempre había querido un cuarto como ese. Lo que no piensa que sea tan fantástico es el instituto. Comenzarlo cuando este ya empezó un mes atrás, no le entusiasma demasiado.
-Los de la mudanza legarán dentro de unas horas. Y esperemos que para el lunes esté todo listo. – Anuncia Gabriel a su familia.
-¿Estás seguro de que en cuatro días estará todo listo? – Pregunta Begoña a su marido no muy convencida.
-Esperemos que sí.
-Bueno vámonos a comer algo y para cuando vengan los de la mudanza ya estaremos aquí. – Dice Begoña. - Y luego iremos a hacer algunas compras.
Todos salen de la casa y se montan en el coche que antes los dejó en su nueva casa. Cuando Rebeca sube al coche se da cuenta de que su nueva vida, pero no tiene ni idea de lo nueva que será. 

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