La mañana en el instituto transcurre tranquila. No
tiene muchas ganas de ir a tutoría con el Señor Jonson a la hora del almuerzo.
Ahora está en química con Kate.
-Kate, no voy a poder ir a almorzar hoy.
-¿Por qué?
-Tengo que hablar con el Señor Jonson.
-Vale. Pues entonces paso a recogerte a las ocho
¿no? Por si no nos vemos más.
-Claro.
-¡Qué bien lo vamos a pasar! –Exclama llena de
ilusión.
-Estoy segura. Ah, por cierto, anoche vi al chico
del que os hablé.
-No puedo creerlo. ¿Te dijo algo?
-Sí. Me preguntó que si iba esta noche a la fiesta
del lago
-¡Es increíble! Es demasiada casualidad. Yo creo que
le gustas.
-Yo creo que lo preguntó por educación.
-Tú piensa lo que quieras. Pero un tío no muestras
tanto interés así porque sí. Pero vamos, que estoy segura de que quiere algo.
-¿Por qué estás tan segura? –Kate está muy extraña.
-Nada, olvídalo. No he dicho nada.
Rebeca no se queda muy convencida. Pero termina
olvidándolo. Pronto llega la hora del almuerzo y su tutoría con el señor Jonson.
Éste es un hombre joven, de unos veinticinco
años, alto y moreno de ojos marrones. Es bastante guapo. Seguro que tiene loca
a todas las alumnas. Parece un hombre simpático. Aunque espera que no le vaya a
echar la bronca.
Toc,toc.
-¿Se puede? –Pregunta Rebeca mientras asoma la cabeza
por la puerta.
-Claro señorita Mendoza. Pase.
Por el tono de su voz, no parece enfadado.
-¿Quería usted verme no?
-Claro, siéntese. –El joven la invita sentarse y ella se sienta en uno de los
pupitres en frente de su mesa. –Quería decirle que por lo que veo le cuesta
hacer los deberes. ¿Me equivoco?
-Pues la verdad, es que tiene toda la razón.
-Pues, había pensado que, como dentro de unas
semanas es el parcial, podría hacer un trabajo sobre lo que estamos dando. Y no
un examen.
-¿Está usted seguro? – ¡Wau! No esperaba que le
fuese a decir eso.
-Creo que es lo mejor. Veremos cómo le va. Si le va
bien, en el segundo semestre ya podría hacer exámenes.
-No me parece mala idea. La verdad, es que me viene muy bien. Espero que los trabajos me cuesten menos.
-Estupendo entonces, la semana que viene le diré de qué
hará el trabajo. Tengo aquí unos temas, podría decirme que le parece.
-De acuerdo.
-Yo creo que no pasa nada porque tengas una cita con
ella. –Dice Helen mientras le da un mordisco a su manzana.
-Sí tío. Parece una chica increíble. –Comenta Harry.
-Pero es que yo ahora no quiero una cita con nadie.
-Tener una cita no es malo Paul. –Kate parece un
poco enfadada.
-Por qué no Kate. No quiero tener una cita con nadie
y menos con una chica que no conozco. Además seguro que ella tampoco quiere
tener una cita con un tío que no conoce.
-Tampoco hace falta que me contestes así de borde. –Replica
ella.
-Perdona Kate. Pero, es que, entiéndeme, no quiero
tener una cita ahora.
-Vale, tienes razón. Perdona.
-A ti lo que te pasa es que ya conoces a alguna. –
Comenta Dan.
-¿Y eso a que viene Dan?
-Pues que seguro que has conocido a alguna y por eso
no quieres tener una cita con Rebeca.
-No digas tonterías.
-Bueno, vamos a dejar el tema. Dejemos que se
conozcan y ya está. Ya se dará cuenta de lo que se pierde. –Dice Helen.
Todos los amigos cambian de tema hasta que la hora
del almuerzo termina.
Rebeca sale de la clase del Señor Jonson y se dirige
a la clase de matemáticas dónde se encuentra con April.
-Hola Reb. –Saluda ella.
-Hola April.
-¿Con ganas de que llegue esta noche? –April sonríe pícaramente.
-Pues sí la verdad. Anoche vi al chico que os dije.
-¡¿SÍ?! ¡Wau! Cuéntamelo todo. –Rebeca le cuenta a
su amiga lo sucedido y esta la escucha intrigada.
Pronto llega la hora de irse a casa y su padre viene
a buscarla. Sus hermanos no están asique tiene toda la casa para ella sola.
Cuando llega, va a la cocina y se hace un sándwich de pavo. Tiene hambre. Hoy
no ha comido nada. Aunque casi ni se lo come. La idea de ver al chico
misterioso la tiene muy nerviosa. Pero tiene que relajarse. Solo es un chico
que no tiene interés alguno en ella. Rebeca recoge la cocina y sube a su
habitación. Cuando llega, abre su gran armario y comienza a elegir la ropa de
esta noche. Tarda un poco. Quiere ir sencilla pero guapa. Se decide por una
camiseta blanca con el hombro caído, unas mayas negras y de complementos, un
pañuelo rosa palo con su cazadora vaquera y unas sandalias del mismo color del
pañuelo. Ahora tiene que decidir que se hace en el pelo. Se decide por un moño
elaborado pero que parezca que no lo es. Lo deja todo encima de la cama y se va
a duchar. Cuando termina, se pone un chándal y baja al salón de la cocina. El
salón grande es sólo para visitas. Cuando llega, Alex está entrando en casa.
-Hola enana. –Está muy guapo con el uniforme verde
de enfermero. Seguro que tiene loquitas a todas las chicas del hospital.
-Hola Alex.
-Vas a salir hoy ¿no?
-Sí, tengo muchas ganas. –Y sonríe.
-Uy… esa cara… cuéntame que te pasa.
-Bueno pues…
Rebeca y su hermano se sientan en el sofá y ésta
comienza a contarle la historia del chico misterioso. Su hermano la escucha con
interés.
-Bueno, ya me contarás como te va esta noche. Pero
ten cuidado, no lo conoces de nada. No te quedes sola con él.
-Está bien Alex. –Su hermano se queda satisfecho. Le
da un beso y se dirige a su habitación.
Las horas pasan lentamente. Cuando las manecillas
del reloj marcan las ocho, le parece mentira. Rebeca está lista, esperando a
que Kate venga a por ella. Entonces el timbre suena.
-Yo voy. –Dice Agustín desde la puerta. –Mamá es la
amiga de Rebeca.
-Dile que pase. –Contesta Begoña.
-Pasa. –Le dice Agustín.
-Gracias. –Le contesta Kate con una sonrisa.
-Hola Kate. –Saluda Rebeca.
-Hola Reb. –Sonríe ella.
-Mira, estos son mis padres, Begoña y Gabriel, mi
hermano mayor, Alex, y los dos gemelos, ÁLvaro y Agustín. –Kate le da la mano a
todos, saludándolos.
-Bueno, pasadlo bien. Y no llegues tarde. – Le dice
su madre.
-Vale mamá. Nos vamos. Os quiero. –Rebeca sale por
la puerta acompañada de su amiga y se monta en el coche de ésta.
-Rebeca, ¡qué guapo es tu hermano Alex! – Exclama Kate.
-¿Qué? –Pregunta Rebeca entre risas.
-Eso, que tu hermano es guapísimo. –Rebeca la mira
sonriendo.
-Jajaja. Sabía que te gustaría.
-¿Cuántos años tiene?
-Veinte.
-Perfecto. –Ríe ella.
-¿Tu no estabas coladísima de Gary?
-Y lo estoy. Pero tu hermano está muy bueno. –Las amigas
ríen de camino al lago.
-Tengo muchas ganas de fiesta. –Comenta Rebeca.
-Eso es porque vas a ver a tu chico de ojos verdes.
Te tiene loca.
-No exageres. Tengo ganas de verlo. Pero no sé ni de
que vamos a hablar. Qué vergüenza. Yo creo que es mejor que no lo vea.
-No seas tonta Rebeca. Vamos a pasarlo bien esta
noche.
Kate aparca y las chicas se reúnen con el resto de
la gente.
-¡Reb! ¡Qué guapa! –Exclama Caroline cuando la ve.
-Gracias Carol. Tú también.
-Ya sé que yo también estoy guapa. No hace falta que
me lo digáis. –Dice Kate entre risas.
-Tú estás guapa siempre Kate. –Le dice Helen.
-Ya lo sé. – Todas las amigas ríen. Entonces
aparecen los chicos.
-Kate, ¿podemos hablar? –Pregunta Dan cuando se
acerca ella.
-Claro. –Ambos se van. Hablan de algo y no tardan en
volver. Kate se acerca a April y se va a charlar con los demás. April se acerca
a Rebeca.
-Reb, ¿te vienes a por algo de beber? Me muero de
sed. –Casi la arrastra hasta las bebidas. Cuando llegan a April le suena el
móvil. –Rebeca, espérame aquí n momento, no tardo.
-Vale, aquí te espero. –Se sirve un vaso con un
refresco de limón cuando alguien le da en la espalda.
-Ten cuidado al girarte, no me vayas a tirar eso
encima. –Una voz aguda suena detrás de ella. Se pone muy nerviosa. Se gira y lo
ve. A Rebeca se le pone la sonrisa más tonta de toda su vida.
-No, tranquilo. Estoy mejorando.
-Me alegra oír eso. –Entonces deja mostrar su
perfecta dentadura. –Y también me alegra verte aquí. –Rebeca se sonroja.
-A mí también me alegra verte aquí.
-Bueno, yo me llamo Paul. Paul Patterson. –El chico
le da la mano a la par que sonríe. Un momento extraño cuando ambos se tocan. Se
miran a los ojos, y se dan cuenta de que llevan demasiado tiempo con las manos
unidas. Se sueltan. Y tú, ¿cómo te llamas?
-Eh… yo… yo me llamo Rebeca. Rebeca Mendoza. –Dice nerviosa.
Y se vuelven a dar la mano, lo que lleva a otro momento extraño.
-Encantado Rebeca Mendoza.
-Lo mismo digo Paul Patterson. –Ambos se miran y
sonríen.
-Eres nueva en la ciudad ¿no?
-Se me nota, ¿no?
-No, solo que si te hubiera visto antes, me
acordaría. –Rebeca no puede evitar soltar una carcajada.
-Esa frase está muy usada.
-Sí, ¿no? Se
me da fatal echar piropos. –Y vuelven a reír. Parece un chico simpático.
-Bueno, ¿y vas al instituto?
-Claro, ¿y tú?
-También. Es solo que no te he visto nunca. –Rebeca sabe
que si lo hubiera visto, ella sí que se acordaría.
-Es que he estado fuera por problema familiares. –Rebeca
de repente, recuerda algo.
-¿En Carolina del Sur porque tu abuela está enferma?
–Ahora lo entiende.
-Sí. ¿Cómo lo sabes? –Paul la mira asombrado. Ahora
lo entiende él.
-¡Tú eres esa Rebeca!
-¡Tú eres ese Paul! –Dicen ambos al unísono.
-Voy a matar a mis amigos. ¿Tú sabías algo? –No parece
muy disgustado con que ella sea esa chica.
-No. Me habían hablado de ti. Pero no me esperaba
que fueses tú. Sería mucha casualidad. La verdad, es que las chicas estaban muy
raras.
-A mí, querían convencerme para que tuviera una cita
contigo.
-Bueno, son unos exagerados.
-Sí, pero si llego a saber que eres tú, no habría
dicho que no. –Se produce un silencio. Rebeca siente un cosquilleo en el
estómago. Parece muy sincero.
-Me gusta oír eso. –Rebeca mira alrededor y ve a sus
amigos mirando descaradamente.
-No sé si te has dado cuenta de que nos están
espiando. –Rebeca sonríe nerviosamente.
-¿Y si nos vamos y los perdemos de vista?
-No es mala idea. – Está como un flan.
Ambos se van y llegan a un puente, fuera de la vista
de curiosos. Charlan animadamente, casi parece que el tiempo se ha parado,
hasta que el móvil de Rebeca suena. Es un mensaje de Kate; Reb, lo siento, me
he tenido que ir con Gary… ya te contaré. Muchos besos. PD: me lo agradecerás.
-¿Quién es? Se te ha cambiado la cara. ¿Es malo?
-Pues, sí. Kate me ha dejado tirada. Se ha ido.
-Bueno, no te preocupes. Yo puedo acercarte a casa.
-No te moleste. Se lo diré a Helen, April o
Caroline. No pasa nada.
-No es molesta. Por mi no hay ningún problema.
-Pero… -Está deseando que la lleve.
-Insisto.
-Vale. –Rebeca vuelve a ponerse como un tomate y él
muestra su dentadura de nuevo.
-¿Quieres que nos vayamos ya?
-Sí, ya es tarde. Y mañana tengo que estudiar. Esto
de estudiar en inglés cuesta más de lo que parece.
-Yo puede ayudarte si quieres. –Eso sí que no se lo
esperaba.
-Pero, ¿tú sabes español? –Rebeca no puede estar más
sorprendida.
-Estuve viviendo en España casi un año.
-¿Sí? ¿Dónde? – ¿A este chico le falta algo?
-En Madrid. Me encantó. –Definitivamente es
perfecto.
-¡Wau! Qué sorpresa.
-¿Entonces quieres que te ayude?
-Sí, claro. Me encantaría. –Está emocionadísima con
la idea.
-Estupendo. Cobro doce dólares la hora. –Lo dice muy
serio y Rebeca no sabe que decir. Entonces el chico no puede más y suelta una
carcajada. –Es broma, no pienso cobrarte nada.
-Bueno… yo… -Él la interrumpe.
-Anda, déjalo y vámonos, que se hace tarde. –Se mete
las manos en los bolsillos de la sudadera y comienza a andar con una sonrisa.
Ella lo sigue hasta que llegan a su coche. Él le abre la puerta y Rebeca vuele
a sonrojarse.
-Gracias. –Dice mientras sube al coche. Él se da
cuenta de su rubor y sonríe para sí. En poco tiempo llegan a casa de Rebeca,
que tiene todas las luces apagadas.
-¿Quieres que quedemos mañana en la biblioteca? –Pregunta
él antes de que Rebeca se baje del coche.
-Claro, sí. – Y vuelve a ruborizarse. Se pregunta si
en algún momento ha dejado de estarlo.
¿Quieres que pase buscarte a las tres?
-Vale, me parece bien. –Ambos sonríen. –Bueno y
gracias por traerme. Lo he pasado muy bien. Hasta mañana.
-Yo también. Hasta mañana. –Y sonríe. Rebeca abre la
puerta del coche, se baja y se dirige a la puerta. Cuando llega se gira y se
despide de él con la mano, él le responde de la misma forma. El coche arranca y
Rebeca entra en casa sin hacer ruido. Sube las escaleras hasta su habitación,
se pone el pijama y se desmaquilla. Está cansada, pero no cree que pueda dormir
mucho. Esta noche ha sido increíble. Mañana lo volverá a ver. Va a ser su
profesor particular. No se lo puede creer. Está emocionada. Rebeca no sabe que
a partir de mañana, empezará a tener una gran cantidad de sorpresas. Puede que
buenas, puede que malas.
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