Ya es jueves y la semana ha transcurrido muy muy
bien. Los chicos han hecho todo lo posible para que esté lo más a gusto
posible. Están otra vez en la cafetería. Todos están sentados en una mesa
charlando tranquilamente.
-Eh, Rebeca, ¿vas a venir a la fiesta del lago el
viernes? – Pregunta Gary.
-Sí Rebeca, ven con nosotros, lo pasaremos bien.
Será divertido.- -Kate también está de acuerdo en que Rebeca vaya.
-Sí. Así conocerás a Paul. –Comenta April. Todos se
miran entre ellos y sonríen.
-¿Paul? ¿Quién es Paul? -¿Más gente? Le está empezando a gustar mucho
el instituto.
-Es uno de nuestros amigos. Está en Carolina del Sur
visitando a su abuela que está enferma. Pero mañana vendrá a la fiesta. Es una
tradición. –Dan parece muy emocionado
con la fiesta.
-Venga Rebeca, vente. Será muy divertido. Irá todo
el mundo. –Dan está emocionado con la fiesta pero Caroline no es menos.
-Será tu primera fiesta en EEUU. – Comenta Helen.
-Bueno… Está bien. Iré. –Rebeca sonríe.
-¡¡¡Bien!!! –Gritan todos al unísono. Rebeca se
siente feliz de la reacción de sus amigos. Presiente que mañana será un gran
día.
-¿Quieres venir a mi casa esta tarde? –Le pregunta
Kate. –Iremos todas.
-Vale.
-¿Te paso a recoger a las cuatro?
-Vale.
-¿Puedo ir yo también Kate? –Pregunta Dan con voz
melosa.
-Ni lo sueñes Dan.
-Venga, si estás deseando que vaya.
-En la vida. –Todos ríen.
-Tarde o temprano me dejarás ir.
-Yo creo que más tarde que temprano Dan.
Parecen buenas
personas. Aunque no hay que juzgar por las apariencias. Pero lo cierto
es que todos la han acogido como una más desde el principio y eso cuenta mucho
a su favor. Cuando los ve a todos juntos recuerda a sus amigas. Las extraña
mucho. Demasiado. Ojala las vea pronto.
La mañana pasa y Rebeca llega a su casa. Está sola
con los gemelos.
-Alex llegará a las cuatro, asique poneos a hacer
los deberes.
-Porque tú lo digas. –Replica Agustín.
-Bueno haced lo que os dé la gana. Yo me voy a hacer
los deberes. No la lieis.
-Claro que no. ¿Por quién nos has tomado? –Pregunta
Álvaro.
-Mejor no contesto. Me voy a mi cuarto.
Mientras sube las escaleras, llama a su madre.
Después de tres bips, ésta contesta.
-Hola mamá.
-Hola cariño.
-Mamá, que esta tarde voy a casa de una amiga que me
ha invitado a su casa. Ah y el viernes me han invitado a una fiesta en el lago.
¿Puedo ir?
-Ay cariño como me alegro. Claro que sí. Pásalo
bien. Pero ten mucho cuidado. ¿Quieres que vaya a recogerte cuando salga de
trabajar?
-Claro. Cuando llegue te mando la dirección.
-Vale cariño. Te quiero.
-Yo también te quiero mamá.
Rebeca cuelga con una sonrisa. Su madre es la mejor.
Sube a su cuarto y comienza a hacer los pocos deberes que tiene para mañana, le
está costando bastante hacer los deberes. Una cosa es hablar con personas y
otra muy distinta hacer los deberes. Va a necesitar ayuda. Cuando se da cuenta
son casi las cuatro. Abajo suena como alguien abre la puerta. Rebeca baja y ve
a Alex, que ya ha venido de trabajar. Poco tiempo después, suena el timbre.
-Alex me voy. Mamá me va a buscar cuando salga de
trabajar.
-Vale, ten cuidado. Cualquier cosa me llamas.
-Vale. Te quiero.
-Yo también enana.
Rebeca abre la puerta y ve a Kate.
-¡Hola! ¿Nos vamos? –Pregunta Rebeca.
-Claro. Vamos.
Las chicas suben al coche de la rubia y se dirigen a
casa de ésta. No está muy lejos. A unos quince minutos. Rebeca le manda el
mensaje a su madre y entra en casa de Kate. La tarde transcurre divertida.
Hablan de los chicos.
-Creo que mañana puede que pase algo con Gary. –Comenta
Kate.
-¿Sí? ¿Te gusta? –Pregunta Rebeca.
-La verdad… es que sí. Llevamos un tiempo hablando
por la noche y tal. Pero todavía no ha pasado nada. Me ha dicho que mañana
quiere hablar conmigo de algo muy importante… -Kate se sonroja.
-Bueno está dicho. Mañana surgirá el amor. –Bromea Rebeca.
Se siente muy bien con aquellas chicas.
-Y a ti Reb, ¿no te gusta ninguno de los chicos? –Pregunta
Caroline.
-No, que va. Son todos muy guapos, pero no me gusta
ninguno.
-Pero a ti te gusta alguien. Que se te nota.
-Bueno…
-¡Ah! –Gritan las cuatro amigas a la vez.
-¡Cuéntanos quién es! –Exclama Helen.
-Pues, no lo conozco de nada, pero es un chico
guapísimo.
-¿Cómo lo conociste? –Pregunta April.
-Pues, el lunes salí a correr por la mañana antes de
ir a clase, y cuando estaba llegando a casa, me choqué con él. Los dos caímos
al suelo. No he pasado más vergüenza en mi vida. –Las amigas la escuchan intrigadas.
–Y cuando lo miré, me quedé helada. Era guapísimo. Castaño de ojos verdes. –Las
amigas se miran cómplices.
-A lo mejor va a la fiesta del lago. –Comenta Caroline.
-¡Ojala! –Exclama Rebeca.
-¿Lo has vuelto a ver? –Pregunta Helen.
-No… -Rebeca está deseando volver a verlo.
-Puede que mañana sea el día… -Comenta Kate.
-Puede…
-Lo verás, y te enamorarás, lo enamorarás, os
casaréis y tendréis cuatro hijos, dos gatos y un perro. Y seréis felices y comeréis
perdices. –Bromea Helen.
-¡Qué peliculera eres Helen! –Exclama April.
Las cinco amigas ríen y siguen charlando hasta que
llega la hora de irse.
-Bueno chicas yo me tengo que ir. Nos vemos mañana.
Lo he pasado muy bien. –Dice Rebeca.
Se despide de la chicas y sale de la casa de Kate
dónde la espera su madre. Rebeca entra en el coche y le da un beso a su madre.
-Hola mamá.
-Hola tesoro. ¿Cómo lo has pasado?
-Muy bien. Me caen geniales estas chicas.
-Me alegro mucho cariño.
-Mamá, siento mucho mi reacción al principio. Tenía
miedo.
-No te preocupes cariño. Sé que es difícil. Pero
todo es acostumbrarse. Me alegro de que lo comprendas.
-Yo también me alegro mamá.
Madre e hija sonríen en el coche de camino a casa.
Cuando entran en casa, la mesa ya está puesta.
-¡Ya está aquí las dos reinas de la casa! –Exclama Gabriel
desde la cocina. Su mujer le da un suave beso en los labios y su hija un beso
en la mejilla. Todos se sientan alrededor de la mesa a comer el puré de patatas
y el pollo que Gabriel ha preparado. Cuando terminan de cenar, Rebeca sale a
tirar la basura. Tira la basura y justo cuando se da la vuelta se cocha con alguien.
-¡Perdón! ¡Lo siento! –Exclama Rebeca.
-No pasa nada. Culpa mía.
Rebeca lo mira, y no puede creer lo que está viendo.
-¡Ey! Tú otra vez. ¿Siempre nos vamos a encontrar
así? –El chico sonríe.
Rebeca no puede creerlo. Es él. ¡Él! ¡Él!
-Sí. Parece que soy la chica más patosa del mundo. –No
sabe ni lo que está diciendo.
-Bueno yo también tengo culpa. No miro por donde
voy.
Es increíblemente guapo y se acuerda de ella. ¿Está
soñando? ¿Se ha levantado esta mañana o sigue durmiendo? La segunda opción es
la mejor.
-Bueno, pero ahora de noche es normal. –Será tonta.
No dice más que tonterías.
-Tienes razón. –El chico de ojos verdes sonríe y
deja mostrar su perfecta dentadura.
-Bueno yo… -A Rebeca no le da tiempo a decir nada
más porque el chico la interrumpe.
-¿vas a la fiesta del lago mañana? -¿Qué? ¿Cómo? ¿A Dónde?
-Sí… supongo que sí que iré. –Tiene que estar
dormida. No le queda otra.
-Genial. Entonces te veré allí. Espero que no
tropecemos al lado del lago y nos caigamos dentro. –Bromea el chico. Rebeca ríe
nerviosamente.
-Eso espero yo también. Bueno, tengo que irme.
-Sí, yo también. Espero verte mañana.
Rebeca sonríe tímidamente y se va. Está nerviosa,
feliz y eufórica. Mañana lo verá. No le ha preguntado ni como se llama. Bueno
mañana se lo preguntará. Pero Rebeca no tiene ni idea de cómo transcurrirá el
día de mañana.
No hay comentarios:
Publicar un comentario