martes, 11 de septiembre de 2012

Capítulo quinto.


La mañana en el instituto transcurre tranquila. No tiene muchas ganas de ir a tutoría con el Señor Jonson a la hora del almuerzo. Ahora está en química con Kate.
-Kate, no voy a poder ir a almorzar hoy.
-¿Por qué?
-Tengo que hablar con el Señor Jonson.
-Vale. Pues entonces paso a recogerte a las ocho ¿no? Por si no nos vemos más.
-Claro.
-¡Qué bien lo vamos a pasar! –Exclama llena de ilusión.
-Estoy segura. Ah, por cierto, anoche vi al chico del que os hablé.
-No puedo creerlo. ¿Te dijo algo?
-Sí. Me preguntó que si iba esta noche a la fiesta del lago
-¡Es increíble! Es demasiada casualidad. Yo creo que le gustas.
-Yo creo que lo preguntó por educación.
-Tú piensa lo que quieras. Pero un tío no muestras tanto interés así porque sí. Pero vamos, que estoy segura de que quiere algo.
-¿Por qué estás tan segura? –Kate está muy extraña.
-Nada, olvídalo. No he dicho nada.
Rebeca no se queda muy convencida. Pero termina olvidándolo. Pronto llega la hora del almuerzo y su tutoría con el señor Jonson.  Éste es un hombre joven, de unos veinticinco años, alto y moreno de ojos marrones. Es bastante guapo. Seguro que tiene loca a todas las alumnas. Parece un hombre simpático. Aunque espera que no le vaya a echar la bronca.
Toc,toc.
-¿Se puede? –Pregunta Rebeca mientras asoma la cabeza por la puerta.
-Claro señorita Mendoza. Pase.
Por el tono de su voz, no parece enfadado.
-¿Quería usted verme no?
-Claro, siéntese. –El joven la invita  sentarse y ella se sienta en uno de los pupitres en frente de su mesa. –Quería decirle que por lo que veo le cuesta hacer los deberes. ¿Me equivoco?
-Pues la verdad, es que tiene toda la razón.
-Pues, había pensado que, como dentro de unas semanas es el parcial, podría hacer un trabajo sobre lo que estamos dando. Y no un examen.
-¿Está usted seguro? – ¡Wau! No esperaba que le fuese a decir eso.
-Creo que es lo mejor. Veremos cómo le va. Si le va bien, en el segundo semestre ya podría hacer exámenes.
-No me parece mala idea.  La verdad, es que me viene muy bien.  Espero que los trabajos me cuesten menos.
-Estupendo entonces, la semana que viene le diré de qué hará el trabajo. Tengo aquí unos temas, podría decirme que le parece.
-De acuerdo.

-Yo creo que no pasa nada porque tengas una cita con ella. –Dice Helen mientras le da un mordisco a su manzana.
-Sí tío. Parece una chica increíble. –Comenta Harry.
-Pero es que yo ahora no quiero una cita con nadie.
-Tener una cita no es malo Paul. –Kate parece un poco enfadada.
-Por qué no Kate. No quiero tener una cita con nadie y menos con una chica que no conozco. Además seguro que ella tampoco quiere tener una cita con un tío que no conoce.
-Tampoco hace falta que me contestes así de borde. –Replica ella.
-Perdona Kate. Pero, es que, entiéndeme, no quiero tener una cita ahora. 
-Vale, tienes razón. Perdona.
-A ti lo que te pasa es que ya conoces a alguna. – Comenta Dan.
-¿Y eso a que viene Dan?
-Pues que seguro que has conocido a alguna y por eso no quieres tener una cita con Rebeca.
-No digas tonterías.
-Bueno, vamos a dejar el tema. Dejemos que se conozcan y ya está. Ya se dará cuenta de lo que se pierde. –Dice Helen.
Todos los amigos cambian de tema hasta que la hora del almuerzo termina.
Rebeca sale de la clase del Señor Jonson y se dirige a la clase de matemáticas dónde se encuentra con April.
-Hola Reb. –Saluda ella.
-Hola April.
-¿Con ganas de que llegue esta noche? –April sonríe pícaramente.
-Pues sí la verdad. Anoche vi al chico que os dije.
-¡¿SÍ?! ¡Wau! Cuéntamelo todo. –Rebeca le cuenta a su amiga lo sucedido y esta la escucha intrigada.
Pronto llega la hora de irse a casa y su padre viene a buscarla. Sus hermanos no están asique tiene toda la casa para ella sola. Cuando llega, va a la cocina y se hace un sándwich de pavo. Tiene hambre. Hoy no ha comido nada. Aunque casi ni se lo come. La idea de ver al chico misterioso la tiene muy nerviosa. Pero tiene que relajarse. Solo es un chico que no tiene interés alguno en ella. Rebeca recoge la cocina y sube a su habitación. Cuando llega, abre su gran armario y comienza a elegir la ropa de esta noche. Tarda un poco. Quiere ir sencilla pero guapa. Se decide por una camiseta blanca con el hombro caído, unas mayas negras y de complementos, un pañuelo rosa palo con su cazadora vaquera y unas sandalias del mismo color del pañuelo. Ahora tiene que decidir que se hace en el pelo. Se decide por un moño elaborado pero que parezca que no lo es. Lo deja todo encima de la cama y se va a duchar. Cuando termina, se pone un chándal y baja al salón de la cocina. El salón grande es sólo para visitas. Cuando llega, Alex está entrando en casa.
-Hola enana. –Está muy guapo con el uniforme verde de enfermero. Seguro que tiene loquitas a todas las chicas del hospital.
-Hola Alex.
-Vas a salir hoy ¿no?
-Sí, tengo muchas ganas. –Y sonríe.
-Uy… esa cara… cuéntame que te pasa.
-Bueno pues…
Rebeca y su hermano se sientan en el sofá y ésta comienza a contarle la historia del chico misterioso. Su hermano la escucha con interés.
-Bueno, ya me contarás como te va esta noche. Pero ten cuidado, no lo conoces de nada. No te quedes sola con él.
-Está bien Alex. –Su hermano se queda satisfecho. Le da un beso y se dirige a su habitación.
Las horas pasan lentamente. Cuando las manecillas del reloj marcan las ocho, le parece mentira. Rebeca está lista, esperando a que Kate venga a por ella. Entonces el timbre suena.
-Yo voy. –Dice Agustín desde la puerta. –Mamá es la amiga de Rebeca.
-Dile que pase. –Contesta Begoña.
-Pasa. –Le dice Agustín.
-Gracias. –Le contesta Kate con una sonrisa.
-Hola Kate. –Saluda Rebeca.
-Hola Reb. –Sonríe ella.
-Mira, estos son mis padres, Begoña y Gabriel, mi hermano mayor, Alex, y los dos gemelos, ÁLvaro y Agustín. –Kate le da la mano a todos, saludándolos.
-Bueno, pasadlo bien. Y no llegues tarde. – Le dice su madre.
-Vale mamá. Nos vamos. Os quiero. –Rebeca sale por la puerta acompañada de su amiga y se monta en el coche de ésta.
-Rebeca, ¡qué guapo es tu hermano Alex! – Exclama Kate.
-¿Qué? –Pregunta Rebeca entre risas.
-Eso, que tu hermano es guapísimo. –Rebeca la mira sonriendo.
-Jajaja. Sabía que te gustaría.
-¿Cuántos años tiene?
-Veinte.
-Perfecto. –Ríe ella.
-¿Tu no estabas coladísima de Gary?
-Y lo estoy. Pero tu hermano está muy bueno. –Las amigas ríen de camino al lago.
-Tengo muchas ganas de fiesta. –Comenta Rebeca.
-Eso es porque vas a ver a tu chico de ojos verdes. Te tiene loca.
-No exageres. Tengo ganas de verlo. Pero no sé ni de que vamos a hablar. Qué vergüenza. Yo creo que es mejor que no lo vea.
-No seas tonta Rebeca. Vamos a pasarlo bien esta noche.
Kate aparca y las chicas se reúnen con el resto de la gente.
-¡Reb! ¡Qué guapa! –Exclama Caroline cuando la ve.
-Gracias Carol. Tú también.
-Ya sé que yo también estoy guapa. No hace falta que me lo digáis. –Dice Kate entre risas.
-Tú estás guapa siempre Kate. –Le dice Helen.
-Ya lo sé. – Todas las amigas ríen. Entonces aparecen los chicos.
-Kate, ¿podemos hablar? –Pregunta Dan cuando se acerca ella.
-Claro. –Ambos se van. Hablan de algo y no tardan en volver. Kate se acerca a April y se va a charlar con los demás. April se acerca a Rebeca.
-Reb, ¿te vienes a por algo de beber? Me muero de sed. –Casi la arrastra hasta las bebidas. Cuando llegan a April le suena el móvil. –Rebeca, espérame aquí n momento, no tardo.
-Vale, aquí te espero. –Se sirve un vaso con un refresco de limón cuando alguien le da en la espalda.
-Ten cuidado al girarte, no me vayas a tirar eso encima. –Una voz aguda suena detrás de ella. Se pone muy nerviosa. Se gira y lo ve. A Rebeca se le pone la sonrisa más tonta de toda su vida.
-No, tranquilo. Estoy mejorando.
-Me alegra oír eso. –Entonces deja mostrar su perfecta dentadura. –Y también me alegra verte aquí. –Rebeca se sonroja.
-A mí también me alegra verte aquí.
-Bueno, yo me llamo Paul. Paul Patterson. –El chico le da la mano a la par que sonríe. Un momento extraño cuando ambos se tocan. Se miran a los ojos, y se dan cuenta de que llevan demasiado tiempo con las manos unidas. Se sueltan. Y tú, ¿cómo te llamas?
-Eh… yo… yo me llamo Rebeca. Rebeca Mendoza. –Dice nerviosa. Y se vuelven a dar la mano, lo que lleva a otro momento extraño.
-Encantado Rebeca Mendoza.
-Lo mismo digo Paul Patterson. –Ambos se miran y sonríen.
-Eres nueva en la ciudad ¿no?
-Se me nota, ¿no?
-No, solo que si te hubiera visto antes, me acordaría. –Rebeca no puede evitar soltar una carcajada.
-Esa frase está muy usada.
-Sí, ¿no?  Se me da fatal echar piropos. –Y vuelven a reír. Parece un chico simpático.
-Bueno, ¿y vas al instituto?
-Claro, ¿y tú?
-También. Es solo que no te he visto nunca. –Rebeca sabe que si lo hubiera visto, ella sí que se acordaría.
-Es que he estado fuera por problema familiares. –Rebeca de repente, recuerda algo.
-¿En Carolina del Sur porque tu abuela está enferma? –Ahora lo entiende.
-Sí. ¿Cómo lo sabes? –Paul la mira asombrado. Ahora lo entiende él.
-¡Tú eres esa Rebeca!
-¡Tú eres ese Paul! –Dicen ambos al unísono.
-Voy a matar a mis amigos. ¿Tú sabías algo? –No parece muy disgustado con que ella sea esa chica.
-No. Me habían hablado de ti. Pero no me esperaba que fueses tú. Sería mucha casualidad. La verdad, es que las chicas estaban muy raras.
-A mí, querían convencerme para que tuviera una cita contigo. 
-Bueno, son unos exagerados.
-Sí, pero si llego a saber que eres tú, no habría dicho que no. –Se produce un silencio. Rebeca siente un cosquilleo en el estómago. Parece muy sincero.
-Me gusta oír eso. –Rebeca mira alrededor y ve a sus amigos mirando descaradamente.
-No sé si te has dado cuenta de que nos están espiando. –Rebeca sonríe nerviosamente.
-¿Y si nos vamos y los perdemos de vista?
-No es mala idea. – Está como un flan.
Ambos se van y llegan a un puente, fuera de la vista de curiosos. Charlan animadamente, casi parece que el tiempo se ha parado, hasta que el móvil de Rebeca suena. Es un mensaje de Kate; Reb, lo siento, me he tenido que ir con Gary… ya te contaré. Muchos besos. PD: me lo agradecerás.
-¿Quién es? Se te ha cambiado la cara. ¿Es malo?
-Pues, sí. Kate me ha dejado tirada. Se ha ido.
-Bueno, no te preocupes. Yo puedo acercarte a casa.
-No te moleste. Se lo diré a Helen, April o Caroline. No pasa nada.
-No es molesta. Por mi no hay ningún problema.
-Pero… -Está deseando que la lleve.
-Insisto.
-Vale. –Rebeca vuelve a ponerse como un tomate y él muestra su dentadura de nuevo.
-¿Quieres que nos vayamos ya?
-Sí, ya es tarde. Y mañana tengo que estudiar. Esto de estudiar en inglés cuesta más de lo que parece.
-Yo puede ayudarte si quieres. –Eso sí que no se lo esperaba.
-Pero, ¿tú sabes español? –Rebeca no puede estar más sorprendida.
-Estuve viviendo en España casi un año.
-¿Sí? ¿Dónde? – ¿A este chico le falta algo?
-En Madrid. Me encantó. –Definitivamente es perfecto.
-¡Wau! Qué sorpresa.
-¿Entonces quieres que te ayude?
-Sí, claro. Me encantaría. –Está emocionadísima con la idea.
-Estupendo. Cobro doce dólares la hora. –Lo dice muy serio y Rebeca no sabe que decir. Entonces el chico no puede más y suelta una carcajada. –Es broma, no pienso cobrarte nada.
-Bueno… yo… -Él la interrumpe.
-Anda, déjalo y vámonos, que se hace tarde. –Se mete las manos en los bolsillos de la sudadera y comienza a andar con una sonrisa. Ella lo sigue hasta que llegan a su coche. Él le abre la puerta y Rebeca vuele a sonrojarse.
-Gracias. –Dice mientras sube al coche. Él se da cuenta de su rubor y sonríe para sí. En poco tiempo llegan a casa de Rebeca, que tiene todas las luces apagadas.
-¿Quieres que quedemos mañana en la biblioteca? –Pregunta él antes de que Rebeca se baje del coche.
-Claro, sí. – Y vuelve a ruborizarse. Se pregunta si en algún momento ha dejado de estarlo.
¿Quieres que pase buscarte a las tres?
-Vale, me parece bien. –Ambos sonríen. –Bueno y gracias por traerme. Lo he pasado muy bien. Hasta mañana.
-Yo también. Hasta mañana. –Y sonríe. Rebeca abre la puerta del coche, se baja y se dirige a la puerta. Cuando llega se gira y se despide de él con la mano, él le responde de la misma forma. El coche arranca y Rebeca entra en casa sin hacer ruido. Sube las escaleras hasta su habitación, se pone el pijama y se desmaquilla. Está cansada, pero no cree que pueda dormir mucho. Esta noche ha sido increíble. Mañana lo volverá a ver. Va a ser su profesor particular. No se lo puede creer. Está emocionada. Rebeca no sabe que a partir de mañana, empezará a tener una gran cantidad de sorpresas. Puede que buenas, puede que malas.

jueves, 6 de septiembre de 2012

Capítulo cuarto.


Ya es jueves y la semana ha transcurrido muy muy bien. Los chicos han hecho todo lo posible para que esté lo más a gusto posible. Están otra vez en la cafetería. Todos están sentados en una mesa charlando tranquilamente.
-Eh, Rebeca, ¿vas a venir a la fiesta del lago el viernes? – Pregunta Gary.
-Sí Rebeca, ven con nosotros, lo pasaremos bien. Será divertido.- -Kate también está de acuerdo en que Rebeca vaya.
-Sí. Así conocerás a Paul. –Comenta April. Todos se miran entre ellos y sonríen.
-¿Paul? ¿Quién es Paul?  -¿Más gente? Le está empezando a gustar mucho el instituto.
-Es uno de nuestros amigos. Está en Carolina del Sur visitando a su abuela que está enferma. Pero mañana vendrá a la fiesta. Es una tradición.  –Dan parece muy emocionado con la fiesta.
-Venga Rebeca, vente. Será muy divertido. Irá todo el mundo. –Dan está emocionado con la fiesta pero Caroline no es menos.
-Será tu primera fiesta en EEUU. – Comenta Helen.
-Bueno… Está bien. Iré. –Rebeca sonríe.
-¡¡¡Bien!!! –Gritan todos al unísono. Rebeca se siente feliz de la reacción de sus amigos. Presiente que mañana será un gran día.
-¿Quieres venir a mi casa esta tarde? –Le pregunta Kate. –Iremos todas.
-Vale.
-¿Te paso a recoger a las cuatro?
-Vale.
-¿Puedo ir yo también Kate? –Pregunta Dan con voz melosa.
-Ni lo sueñes Dan.
-Venga, si estás deseando que vaya.
-En la vida. –Todos ríen.
-Tarde o temprano me dejarás ir.
-Yo creo que más tarde que temprano Dan.
Parecen buenas  personas. Aunque no hay que juzgar por las apariencias. Pero lo cierto es que todos la han acogido como una más desde el principio y eso cuenta mucho a su favor. Cuando los ve a todos juntos recuerda a sus amigas. Las extraña mucho. Demasiado. Ojala las vea pronto.
La mañana pasa y Rebeca llega a su casa. Está sola con los gemelos.
-Alex llegará a las cuatro, asique poneos a hacer los deberes.
-Porque tú lo digas. –Replica Agustín.
-Bueno haced lo que os dé la gana. Yo me voy a hacer los deberes. No la lieis.
-Claro que no. ¿Por quién nos has tomado? –Pregunta Álvaro.
-Mejor no contesto. Me voy a mi cuarto.
Mientras sube las escaleras, llama a su madre. Después de tres bips, ésta contesta.
-Hola mamá.
-Hola cariño.
-Mamá, que esta tarde voy a casa de una amiga que me ha invitado a su casa. Ah y el viernes me han invitado a una fiesta en el lago. ¿Puedo ir?
-Ay cariño como me alegro. Claro que sí. Pásalo bien. Pero ten mucho cuidado. ¿Quieres que vaya a recogerte cuando salga de trabajar?
-Claro. Cuando llegue te mando la dirección.
-Vale cariño. Te quiero.
-Yo también te quiero mamá.
Rebeca cuelga con una sonrisa. Su madre es la mejor. Sube a su cuarto y comienza a hacer los pocos deberes que tiene para mañana, le está costando bastante hacer los deberes. Una cosa es hablar con personas y otra muy distinta hacer los deberes. Va a necesitar ayuda. Cuando se da cuenta son casi las cuatro. Abajo suena como alguien abre la puerta. Rebeca baja y ve a Alex, que ya ha venido de trabajar. Poco tiempo después, suena el timbre.
-Alex me voy. Mamá me va a buscar cuando salga de trabajar.
-Vale, ten cuidado. Cualquier cosa me llamas.
-Vale. Te quiero.
-Yo también enana.
Rebeca abre la puerta y ve a Kate.
-¡Hola! ¿Nos vamos? –Pregunta Rebeca.
-Claro. Vamos.
Las chicas suben al coche de la rubia y se dirigen a casa de ésta. No está muy lejos. A unos quince minutos. Rebeca le manda el mensaje a su madre y entra en casa de Kate. La tarde transcurre divertida. Hablan de los chicos.
-Creo que mañana puede que pase algo con Gary. –Comenta Kate.
-¿Sí? ¿Te gusta? –Pregunta Rebeca.
-La verdad… es que sí. Llevamos un tiempo hablando por la noche y tal. Pero todavía no ha pasado nada. Me ha dicho que mañana quiere hablar conmigo de algo muy importante… -Kate se sonroja.
-Bueno está dicho. Mañana surgirá el amor. –Bromea Rebeca. Se siente muy bien con aquellas chicas.
-Y a ti Reb, ¿no te gusta ninguno de los chicos? –Pregunta Caroline.
-No, que va. Son todos muy guapos, pero no me gusta ninguno.
-Pero a ti te gusta alguien. Que se te nota.
-Bueno…
-¡Ah! –Gritan las cuatro amigas a la vez.
-¡Cuéntanos quién es! –Exclama Helen.
-Pues, no lo conozco de nada, pero es un chico guapísimo.
-¿Cómo lo conociste? –Pregunta April.
-Pues, el lunes salí a correr por la mañana antes de ir a clase, y cuando estaba llegando a casa, me choqué con él. Los dos caímos al suelo. No he pasado más vergüenza en mi vida. –Las amigas la escuchan intrigadas. –Y cuando lo miré, me quedé helada. Era guapísimo. Castaño de ojos verdes. –Las amigas se miran cómplices.
-A lo mejor va a la fiesta del lago. –Comenta Caroline.
-¡Ojala! –Exclama Rebeca.
-¿Lo has vuelto a ver? –Pregunta Helen.
-No… -Rebeca está deseando volver a verlo.
-Puede que mañana sea el día… -Comenta Kate.
-Puede…
-Lo verás, y te enamorarás, lo enamorarás, os casaréis y tendréis cuatro hijos, dos gatos y un perro. Y seréis felices y comeréis perdices. –Bromea Helen.
-¡Qué peliculera eres Helen! –Exclama April.
Las cinco amigas ríen y siguen charlando hasta que llega la hora de irse.
-Bueno chicas yo me tengo que ir. Nos vemos mañana. Lo he pasado muy bien. –Dice Rebeca.
Se despide de la chicas y sale de la casa de Kate dónde la espera su madre. Rebeca entra en el coche y le da un beso a su madre.
-Hola mamá.
-Hola tesoro. ¿Cómo lo has pasado?
-Muy bien. Me caen geniales estas chicas.
-Me alegro mucho cariño.
-Mamá, siento mucho mi reacción al principio. Tenía miedo.
-No te preocupes cariño. Sé que es difícil. Pero todo es acostumbrarse. Me alegro de que lo comprendas.
-Yo también me alegro mamá.
Madre e hija sonríen en el coche de camino a casa. Cuando entran en casa, la mesa ya está puesta.
-¡Ya está aquí las dos reinas de la casa! –Exclama Gabriel desde la cocina. Su mujer le da un suave beso en los labios y su hija un beso en la mejilla. Todos se sientan alrededor de la mesa a comer el puré de patatas y el pollo que Gabriel ha preparado. Cuando terminan de cenar, Rebeca sale a tirar la basura. Tira la basura y justo cuando se da la vuelta se cocha con alguien.
-¡Perdón! ¡Lo siento! –Exclama Rebeca.
-No pasa nada. Culpa mía.
Rebeca lo mira, y no puede creer lo que está viendo.
-¡Ey! Tú otra vez. ¿Siempre nos vamos a encontrar así? –El chico sonríe.
Rebeca no puede creerlo. Es él. ¡Él! ¡Él!
-Sí. Parece que soy la chica más patosa del mundo. –No sabe ni lo que está diciendo.
-Bueno yo también tengo culpa. No miro por donde voy.
Es increíblemente guapo y se acuerda de ella. ¿Está soñando? ¿Se ha levantado esta mañana o sigue durmiendo? La segunda opción es la mejor.
-Bueno, pero ahora de noche es normal. –Será tonta. No dice más que tonterías.
-Tienes razón. –El chico de ojos verdes sonríe y deja mostrar su perfecta dentadura.
-Bueno yo… -A Rebeca no le da tiempo a decir nada más porque el chico la interrumpe.
-¿vas a la fiesta del lago mañana? -¿Qué? ¿Cómo? ¿A Dónde?
-Sí… supongo que sí que iré. –Tiene que estar dormida. No le queda otra.
-Genial. Entonces te veré allí. Espero que no tropecemos al lado del lago y nos caigamos dentro. –Bromea el chico. Rebeca ríe nerviosamente.
-Eso espero yo también. Bueno, tengo que irme.
-Sí, yo también. Espero verte mañana.
Rebeca sonríe tímidamente y se va. Está nerviosa, feliz y eufórica. Mañana lo verá. No le ha preguntado ni como se llama. Bueno mañana se lo preguntará. Pero Rebeca no tiene ni idea de cómo transcurrirá el día de mañana.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Capítulo tercero.


Los días pasan muy deprisa en su casa. Su casa. Todavía le cuesta pensar en ese lugar como su casa. Aunque cada vez ese lugar se va pareciendo más a un hogar. Entre los de la mudanza las limpiadoras y su familia de un lado para otro, las cosas pareen que van demasiado rápido. La casa está quedando más bonita de lo que imaginaba. El salón está increíble con los sofás color chocolate y repletos de cojines. Las cortinas, a los lados de los enormes ventanales, parecen interminables. Su madre se está esforzando mucho para que ese lugar se convierta en su nuevo hogar. Pero, lo que más le gusta, sin duda, es su nueva habitación. Tiene una cama de matrimonio para ella sola con unas preciosas ventanas encima. El vestuario ya está lleno de ropa y su escritorio ya está repleta de libros que le harán falta para cuando empiece su nuevo curso. Su cuarto de baño es enorme, en unos tonos crudos y celestes que la enamoran. A su habitación no le fatal de nada.
Es domingo y está nerviosa, por lo que decide salir a correr por la mañana para relajarse. Es tarde. Son las doce y no consigue dormir. Pero después de dar muchas vueltas en la cama, consigue dormirse. A las seis de la mañana el despertador suena y Rebeca salta de la cama. Está llena de energía. Demasiada quizá. Se pone unas mayas negras con una camiseta blanca y una sudadera azul con sus deportes. Entra en el cuarto de baño, se lava la cara y se hace una cola alta. Cuando sale coge su ipod y el móvil y baja las escaleras. Es muy temprano y todos están dormidos asique procura no hacer ruido. Rebeca coge las llaves de la mesita de la entrada y sale de casa. Tiene que estar en clase a las ocho y media, asique tiene solo cuarenta minutos para correr. Menos mal que el instituto está cerca sino se hubiese tenido que levantar más temprano. Pone el cronómetro, enciende el ipod y comienza a correr. Nota que al principio le cuesta, pero consigue aguantar. A medida que pasa el tiempo nota como empiezan a llenarse las calles. Cuando apaga el ipod porque está llegando a casa. Se cocha con alguien y ambos caen al suelo.
-¡Perdón! Lo siento mucho. De verdad. Iba distraída y no miraba por donde iba. –Rebeca está muerta de vergüenza.
-No te preocupes. Yo también estaba distraído. Tenía que haberme dado cuenta de que venías.
Rebeca, que ya se ha levantado, mira al joven de pelo castaño y ojos verdes que está a su lado. Es guapísimo.
-No, es culpa mía. Estaba deseando llegar a casa y no me daba cuenta de nada.
-Insisto en que es culpa mia. – Y sonríe. Rebeca también sonríe. Entonces se produce un silencio. Un momento realmente incómodo, hasta que Rebeca habla.
-Bueno, me tengo que ir, si no llegaré tarde a clase. –Rebeca se despide antes de que al chico le de tiempo a decir nada más. En un momento llega a su casa y entra. Cuando abre la puerta le llega un olor a tostadas recién hechas. Su familia está en la cocina. Hoy es el primer día para todos.
-Buenos días Rebeca. –Begoña le da un beso en la mejilla. –Has madrugado mucho.
-Sí. He salido a correr para despejarme.
-Pues corre, dúchate y desayunamos todos juntos.
-Vale, no tardo.
Rebeca sube las escaleras y rápido entra en la ducha. Se lava el pelo también. Cuando termina se pone las toallas y se dirije al vestidor. Escoje una blusa cerrada de media manga con encaje y unos vaqueros con unas sandalias doradas.Tiene todavía la toalla en la cabeza pero baja a desayunar.
-Cariño, papá os llevará a ti y a los gemelos y luego os recogerá a las tres.
-Vale.
Rebeca termina de desayunar y sube  su cuarto. Se seca el pelo y se lo plancha. También se pita un poco.  Baja, le da un beso a su madre y a Alex, y sale de la casa donde su padre y sus hermanos la esperan montandos en el coche. Rebeca sube y comienza su camino hasta lo que ella piensa que es el inferno. Ella se baja la última y su padre la para antes de bajar:
-Rebeca, tranquila, puedes hacerlo. Verás como será un gran día. –Su padre le da un beso en la frente.
-Lo sé papá. –Y ella le da un beso en la mejilla.
Rebeca baja del coche, respira hondo y se dirije hacia la puerta del instituto. Hay mucha gente, algunos la miran, otros simplemente no se han dado cuenta de que hay una alumna nueva. Entra en el instituto y pronto encuentra la sala de orientación en la que hay ua mujer mayor con el pelo canoso y cara de pocos amigos. Ésta le da los buenos días y le pregunta que qué quiere. Rebeca le dice que es nueva y le da su nombre. La mujer busca algo en el ordenador y saca un horario y unas llaves, le dice la convinación y se la apunta. Rebeca sale de la sala y mira su horario. A primera hora tiene química en la segunda planta. Sube pero no consigue encontrar la clase asique reune el valor suficiente para preguntarle a un grupo de tres chicas que hablan al lado de sus taquillas.
-Perdonad,¿sabéis dónde está la clase de química? –Las tres chicas se giran y la miran. Una rubia de pelo rizado y ojos azules, la mira y sonríe.
-Eres nueva,¿verdad?
-Sí. Es que llevo un rato buscando la clase de química y no la enccuentro.
-Yo voy a esa clase. Te acompaño. Chicas nos vemos luego. –Las amigas se despiden y la chica acompaña a Rebeca.
-Por cierto, me llamo Kate.
-Yo soy Rebeca.
Las jóvenes conversan de camino a la clase de química. Entran y se sientan juntas. Dos minutos después entra un hombre de mediana edad con el pelo canoso con gafas y comienza a hablar.
-Hoy tenemos una nueva alumna con nosotros. Señorita Mendoza, bienvenida a mi clase. Espero que su estancia sea lo más grata posible. –Rebeca se muere de la vergüenza. Todos la miran.
-Es un borde, ya lo verás. – Y se ríe.
-Bueno, creo que lo soportaré. –Rebeca ríe mientras pone su móvil en silencio.
La clase transcurre tranquila. El profesor de química está hablando de moles y gramos cuando el tiempre suena y todos los alumnos se levantan a la vez. Kate para a Rebeca y le pregunta qué clase tiene hoy.
-Yo tengo ahora historia en la primera planta. –Rebeca saca su horario. Al parecer ella no tiene historia.
-Yo tengo matemáticas en esta planta.
-Ah, bueno , pues te acompaño y nos vemos en la cafetería a la hora de comer. Por si no nos volvemos a ver. ¿Qué te parece?- Kte parece una chica simpática y extrovertida. Durante la clase anterior no a parado de hablar con ella y con la chica de atrás. No sabe si después sacara buenas notas, porque habla demasiado. Pero le cae bien.
-Estupendo. Allí nos vemos.
Kate acompaña a Rebeca a la clase de matemáticas al final del pasillo, y se despiden. Parece que el día no está saliendo nada mal. La profesora de mates presenta a Rebeca a la clase y e d instrucciones de lo que están dando. Curiosamente están dando funciones. Algo que ella ya domina. La clase se presenta tranquila, más bien aburrida. Una chica de pelo rizado, morena y de ojos marrones, se ofrece a dejarle sus apuntes para que se ponga al día. Parece una chica agradable.
La mañana transcurre entre francés e historia y pronto llega la hora del almuerzo. Tarda poco en encontrar la cafetería, en la primera planta, y encuentra a Kate que está sentada con cuatro chicas. Reconoce a una de ellas.
-Hola Rebeca. –Saluda Kate con etusiasmo.
-Hola. –Sonríe tímidamente.
-Chicas, esta es Rebeca, va a mi clase de química. Es nueva.
-Hola Rebeca, yo soy April. Vamos juntas a mates,¿recuerdas?
-Claro que me aucerdo. Seguro que tus apuntes me ayudan mucho. –Rebeca se siente extrañamente tranquila.
-Yo soy Helen y esta es Caroline. Encantadas de conocerte. –La dos últimas chicas son de estatura media. La primera es morena de ojos azules y la segunda rubia con los ojos verdes. Las cuatro son muy guapas y parecen muy buenas amigas. Le recuerda a ella y a sus amigas españolas. Las echa mucho de menos. Rebeca se sienta y todas comienzan a preguntarle todo tipo de cosas. La escuchan atentamente. Están casi terminando de almorzar cuando cuatro chicos se acercan a su mesa. Rebeca los mira atentamente. Son muy guapos. Dos rubios y dos morenos. Son los típicos chicos que te enamoran solo con verlos.
-Mira Dan, esta es Rebeca, es nueva en el insituto. Y española.
-Hola Rebeca, encantado de conocerte. –Rebeca le da la mano. Se siente rara. No está acostumbrada a saludar así. Dan es un chico guapo, moreno con los ojos celestes.
-Lo mismo digo Dan.
-Mira, estos son Harry, Peter y Gary. -¡Qué chicos tan guapos! Peter y Gary son rubios con los ojos verdes y marrones respectivamente. Harry es el otro moreno con unos increíblemente grandes ojos marrones.
-Encantada chicos. –Es una situación extrañana. No esperaba conocer a tanta gente hoy. Parece que su padre tenía razón. Siente que el instituto no es tan malo como pensaba.
-Nosotros también. – Responde Peter.
-Bueno, yo me tengo que ir. Tengo inglés.
-Yo también tengo inglés. –Contesta Gary.
-Yo también. –Dice April.
Los tres se levantan, se despiden de los demás y se dirijen a su clase de inglés. Hablan animadamente. Rebeca piensa que debería sentirse incómoda, pero todo lo contrario. Hacen lo posible para que ella participe. Los tres se sientan juntos y pocos minutos después entra el profesor de inglés. El Señor Jonson. Es un joven simpático y agradable. Vuelven a presentarla a la clase. Le gusta. Hablan de un libro que deberán leer. Cuando dan las tres Rebeca se despide de sus nuevos amigos y va al coche donde su padre la espera. Está feliz. Tiene ganas de contárselo a Alex. Piensa que no estará tan mal como esperaba. Pero no tiene ni idea de lo que pasará cuando vaya terminando la semana.

martes, 4 de septiembre de 2012

Capítulo segundo.


Hablar con Emilio no ha sido fácil. No se lo ha tomado nada bien al principio, aunque al final, terminó entendiéndola. Las semanas pasan muy de prisa y antes de que se de cuenta, está con las maletas hechas todo empaquetado y de camino a Nueva York. Va a echar de menos España. Y sobre todo a sus amigas. No puede creer que no las vaya a ver en tanto tiempo. Mientras está sentada en el asiento del avión piensa en la fiesta sorpresa de despedida que le organizaron todas. Todos sus amigos estaban allí. No va a ser fácil acostumbrase a una vida neoyorquina. Está dejando atrás toda una vida, pero en Nueva York le espera otra llena de sorpresas. Sus padres le han dado una grata sorpresa viajando en business. Es increíble. Las ocho horas de avión se van a pasar rápido. Alex está sentado a su lado ojeando una revista. Mientras, Rebeca mira su cámara con las fotos de la fiesta del día anterior. Alex la mira con ternura.
-Se que los vas a echar de menos, pero allí también harás nuevos amigos.
-Sí, pero eso no se consigue de un día para otro Alex. Me da miedo el primer día, y no solo el primero, también lo siguientes. 
-Todos vamos a estar ahí para ayudarte Reb. No puedes dejar que eso te domine. Bueno, cambiemos de tema.¿No tienes ganas de saber como será la casa?
-Pues la verdad... es que sí.-Dice sonriendo.
-Lo ves, no todo es malo. Vamos a tener una casa nueva. Viviremos en Queens, será estupendo.
-¿Tu crees?
-Estoy seguro.
-Bueno, creo que voy a ver una película.hombre muy elegante 
-¿Cuáles hay?
-Mmm... No sé espera. Mira, está Pearl Habor. ¿Quieres verla?
-La has visto mil veces.
-Ya, pero me encanta y dura tres horas.
-Está bien, selecciónala.
No entiende por qué cada vez que ve esta película llora. Si siempre sabe lo que va a pasar. Pero sin embargo no puede evitarlo. Su hermano no deja de reírse. No soporta que haga eso. Todavía quedan cinco horas. Una azafata vestida con su uniforme azul y rojo se acerca a sus asiento y les pregunta que si quieren algo. Ambos aceptan y toman una Coca-Cola. Las horas pasan deprisa. Cuando se da cuenta sólo queda una escasa media hora para llegar a Nueva York. Rebeca está nerviosa. Piensa que hoy será el comienzo de una vida diferente a la que va a tener que acostumbrarse. 
Cuando el avión aterriza son las doce y diez, hora local. Al salir del aeropuerto un coche negro muy elegante negro, los está esperando. Un hombre muy bien vestido sujeta un pequeño cartel con los apellidos Mendoza Vázquez. Su padre habla con él en un inglés perfecto y cuando termina le traduce a su familia.
-Dice que ellos se encargarán de llevarnos a casa.
"A casa." Piensa Rebeca. Se montan en el coche que los dirige a su nuevo hogar. De camino a la nueva casa, Rebeca va con la cabeza baja. No quiere mirar por la ventana.
-Mira cariño,¿no te gusta?-Le pregunta su madre.
-¡Sí! Es sólo que estoy un poco mareada.
-Bueno, tranquila, cuando lleguemos y dejemos las cosas, iremos a comer algo y nos despejamos que han sido muchas horas en el avión.-Contesta su padre. Parece entusiasmado con su nueva vida aquí. Aunque no es el único. Sus dos hermanos pequeños tienen los ojos llenos de ilusión. Su madre por otra parte se muestra preocupada de que sus dos hijos mayores estén disgustados. Pero sabes que se acostumbrarán tarde o temprano.
En unos escasos treinta minutos llegan a su nuevo hogar. Por fin Rebeca mira por la ventanilla. Es increíblemente increíble. Tiene cuanto ¿dos, tres plantas? No puede ser. Tiene unas escaleras a la entrada del porche, un enorme balcón en el centro de la fachada y un sinfín de ventanas. Todos sus hermanos están fascinados, pero ella no es menos. ¿Esa va a ser de verdad su casa? Tiene que ser una broma. Será otra casa. Sí, eso es. Tiene que ser eso.
-Bienvenidos a nuestra nueva casa.-Dice su madre con una sonrisa en la cara.
Pues va a ser que no. Esta va a ser su nuevo hogar. Acostumbrada a su antigua casa de dos plantas, tan modesta, tan tan, tan normal. 


Cuando bajan del coche, se dirigen a las escaleras de la entrada. Mientras su padre se dirige a abrir la puerta, Rebeca no puede dejar de mirar el gran porche vacío. Cuando la puerta se abre, se escuchan exclamaciones de todos los miembros de la familia. Rebeca está deslumbrada por aquella enorme casa a la que se tendrá que acostumbrar  a llamar hogar. Lo primero que ve es una gran escalera al final del pasillo. Cuando mira a su derecha ve lo que debe ser el salón y a la derecha una cocina en, marrón y beig, con una mesa de mampostería y una chimenea en la que se puede poner una pequeña salita. La familia entra en el salón, en el que hay uno enormes ventanales que le dan una luminidad espectacular a la casa. Al final del pasillo, al lado de la escalera, hay un precioso baño moderno en blanco y negro con una gran bañera.
-¿Queréis subir a la planta de arriba?-Pregunta Gabriel  su familia.
-Claro que sí.-Responde Alex.
La familia sube a la segunda planta y descubren cuatro habitaciones con baños independientes. Los pequeños eligen sus habitaciones. Mientras, los demás suben a la tercera planta en la que solo hay una enorme habitación con su propio baño.
-Rebeca, hemos pensado que esta podría ser tu habitación. Es la más grande y tiene una terraza muy bonita.-Anuncia Begoña mientras la agarra por los hombros.
-Pero mamá, ¿papá y tú no la queréis? O tú Alex.
Seguro que no cariño. Aquí puedes estudiar tranquila sin que nadie te moleste. Y mira, esto es lo mejor.
Su adre la guía hacia la parte izquierda de la habitación y habre dos puerta de un color blanco crudo y se ve un pasillo con dos enormes estanterías para llenar de ropa a los lados.
-¡Dios mío!-Rebeca no cabe en su asombro. Ese armario es precioso. Es como el de Carrie, de Sexo en Nueva York. Es lo más bonito que ha biesto nunca. –Me encanta mamá, en serio. –Por primera vez, desde que supo la noticia, siente ilusión.
-Sabíamos que te gustaría, por eso queríamos darte la sorpresa. –Responde su padre.
-¿Seguro que no la quieres, Alex? –Realmente espera que diga que no. Le encanta la habitación.
- Claro que no. Yo no tengo tanta ropa como para llenar este armario.
El rostro de Rebeca se ilumina. Siempre había querido un cuarto como ese. Lo que no piensa que sea tan fantástico es el instituto. Comenzarlo cuando este ya empezó un mes atrás, no le entusiasma demasiado.
-Los de la mudanza legarán dentro de unas horas. Y esperemos que para el lunes esté todo listo. – Anuncia Gabriel a su familia.
-¿Estás seguro de que en cuatro días estará todo listo? – Pregunta Begoña a su marido no muy convencida.
-Esperemos que sí.
-Bueno vámonos a comer algo y para cuando vengan los de la mudanza ya estaremos aquí. – Dice Begoña. - Y luego iremos a hacer algunas compras.
Todos salen de la casa y se montan en el coche que antes los dejó en su nueva casa. Cuando Rebeca sube al coche se da cuenta de que su nueva vida, pero no tiene ni idea de lo nueva que será.