Rebeca, una chica de diecisiete años que cuando está disfrutando de su verano, recibe una increíble noticia. Su madre, una exitosa empresaria de moda, ha recibido una sabrosa oferta de trabajo en una de las mejores sucursales de moda de Nueva York.
Con sus padres y sus tres hermanos viajará a la ciudad que nunca duerme dónde descubrirá una nueva forma de vivir y como es típico en una adolescente, también encontrará el amor.
Rebeca está apunto de vivir una vida absolutamente distinta a lo que ella estaba acostumbrada.
Nueva York, allá voy
sábado, 3 de agosto de 2013
martes, 11 de septiembre de 2012
Capítulo quinto.
La mañana en el instituto transcurre tranquila. No
tiene muchas ganas de ir a tutoría con el Señor Jonson a la hora del almuerzo.
Ahora está en química con Kate.
-Kate, no voy a poder ir a almorzar hoy.
-¿Por qué?
-Tengo que hablar con el Señor Jonson.
-Vale. Pues entonces paso a recogerte a las ocho
¿no? Por si no nos vemos más.
-Claro.
-¡Qué bien lo vamos a pasar! –Exclama llena de
ilusión.
-Estoy segura. Ah, por cierto, anoche vi al chico
del que os hablé.
-No puedo creerlo. ¿Te dijo algo?
-Sí. Me preguntó que si iba esta noche a la fiesta
del lago
-¡Es increíble! Es demasiada casualidad. Yo creo que
le gustas.
-Yo creo que lo preguntó por educación.
-Tú piensa lo que quieras. Pero un tío no muestras
tanto interés así porque sí. Pero vamos, que estoy segura de que quiere algo.
-¿Por qué estás tan segura? –Kate está muy extraña.
-Nada, olvídalo. No he dicho nada.
Rebeca no se queda muy convencida. Pero termina
olvidándolo. Pronto llega la hora del almuerzo y su tutoría con el señor Jonson.
Éste es un hombre joven, de unos veinticinco
años, alto y moreno de ojos marrones. Es bastante guapo. Seguro que tiene loca
a todas las alumnas. Parece un hombre simpático. Aunque espera que no le vaya a
echar la bronca.
Toc,toc.
-¿Se puede? –Pregunta Rebeca mientras asoma la cabeza
por la puerta.
-Claro señorita Mendoza. Pase.
Por el tono de su voz, no parece enfadado.
-¿Quería usted verme no?
-Claro, siéntese. –El joven la invita sentarse y ella se sienta en uno de los
pupitres en frente de su mesa. –Quería decirle que por lo que veo le cuesta
hacer los deberes. ¿Me equivoco?
-Pues la verdad, es que tiene toda la razón.
-Pues, había pensado que, como dentro de unas
semanas es el parcial, podría hacer un trabajo sobre lo que estamos dando. Y no
un examen.
-¿Está usted seguro? – ¡Wau! No esperaba que le
fuese a decir eso.
-Creo que es lo mejor. Veremos cómo le va. Si le va
bien, en el segundo semestre ya podría hacer exámenes.
-No me parece mala idea. La verdad, es que me viene muy bien. Espero que los trabajos me cuesten menos.
-Estupendo entonces, la semana que viene le diré de qué
hará el trabajo. Tengo aquí unos temas, podría decirme que le parece.
-De acuerdo.
-Yo creo que no pasa nada porque tengas una cita con
ella. –Dice Helen mientras le da un mordisco a su manzana.
-Sí tío. Parece una chica increíble. –Comenta Harry.
-Pero es que yo ahora no quiero una cita con nadie.
-Tener una cita no es malo Paul. –Kate parece un
poco enfadada.
-Por qué no Kate. No quiero tener una cita con nadie
y menos con una chica que no conozco. Además seguro que ella tampoco quiere
tener una cita con un tío que no conoce.
-Tampoco hace falta que me contestes así de borde. –Replica
ella.
-Perdona Kate. Pero, es que, entiéndeme, no quiero
tener una cita ahora.
-Vale, tienes razón. Perdona.
-A ti lo que te pasa es que ya conoces a alguna. –
Comenta Dan.
-¿Y eso a que viene Dan?
-Pues que seguro que has conocido a alguna y por eso
no quieres tener una cita con Rebeca.
-No digas tonterías.
-Bueno, vamos a dejar el tema. Dejemos que se
conozcan y ya está. Ya se dará cuenta de lo que se pierde. –Dice Helen.
Todos los amigos cambian de tema hasta que la hora
del almuerzo termina.
Rebeca sale de la clase del Señor Jonson y se dirige
a la clase de matemáticas dónde se encuentra con April.
-Hola Reb. –Saluda ella.
-Hola April.
-¿Con ganas de que llegue esta noche? –April sonríe pícaramente.
-Pues sí la verdad. Anoche vi al chico que os dije.
-¡¿SÍ?! ¡Wau! Cuéntamelo todo. –Rebeca le cuenta a
su amiga lo sucedido y esta la escucha intrigada.
Pronto llega la hora de irse a casa y su padre viene
a buscarla. Sus hermanos no están asique tiene toda la casa para ella sola.
Cuando llega, va a la cocina y se hace un sándwich de pavo. Tiene hambre. Hoy
no ha comido nada. Aunque casi ni se lo come. La idea de ver al chico
misterioso la tiene muy nerviosa. Pero tiene que relajarse. Solo es un chico
que no tiene interés alguno en ella. Rebeca recoge la cocina y sube a su
habitación. Cuando llega, abre su gran armario y comienza a elegir la ropa de
esta noche. Tarda un poco. Quiere ir sencilla pero guapa. Se decide por una
camiseta blanca con el hombro caído, unas mayas negras y de complementos, un
pañuelo rosa palo con su cazadora vaquera y unas sandalias del mismo color del
pañuelo. Ahora tiene que decidir que se hace en el pelo. Se decide por un moño
elaborado pero que parezca que no lo es. Lo deja todo encima de la cama y se va
a duchar. Cuando termina, se pone un chándal y baja al salón de la cocina. El
salón grande es sólo para visitas. Cuando llega, Alex está entrando en casa.
-Hola enana. –Está muy guapo con el uniforme verde
de enfermero. Seguro que tiene loquitas a todas las chicas del hospital.
-Hola Alex.
-Vas a salir hoy ¿no?
-Sí, tengo muchas ganas. –Y sonríe.
-Uy… esa cara… cuéntame que te pasa.
-Bueno pues…
Rebeca y su hermano se sientan en el sofá y ésta
comienza a contarle la historia del chico misterioso. Su hermano la escucha con
interés.
-Bueno, ya me contarás como te va esta noche. Pero
ten cuidado, no lo conoces de nada. No te quedes sola con él.
-Está bien Alex. –Su hermano se queda satisfecho. Le
da un beso y se dirige a su habitación.
Las horas pasan lentamente. Cuando las manecillas
del reloj marcan las ocho, le parece mentira. Rebeca está lista, esperando a
que Kate venga a por ella. Entonces el timbre suena.
-Yo voy. –Dice Agustín desde la puerta. –Mamá es la
amiga de Rebeca.
-Dile que pase. –Contesta Begoña.
-Pasa. –Le dice Agustín.
-Gracias. –Le contesta Kate con una sonrisa.
-Hola Kate. –Saluda Rebeca.
-Hola Reb. –Sonríe ella.
-Mira, estos son mis padres, Begoña y Gabriel, mi
hermano mayor, Alex, y los dos gemelos, ÁLvaro y Agustín. –Kate le da la mano a
todos, saludándolos.
-Bueno, pasadlo bien. Y no llegues tarde. – Le dice
su madre.
-Vale mamá. Nos vamos. Os quiero. –Rebeca sale por
la puerta acompañada de su amiga y se monta en el coche de ésta.
-Rebeca, ¡qué guapo es tu hermano Alex! – Exclama Kate.
-¿Qué? –Pregunta Rebeca entre risas.
-Eso, que tu hermano es guapísimo. –Rebeca la mira
sonriendo.
-Jajaja. Sabía que te gustaría.
-¿Cuántos años tiene?
-Veinte.
-Perfecto. –Ríe ella.
-¿Tu no estabas coladísima de Gary?
-Y lo estoy. Pero tu hermano está muy bueno. –Las amigas
ríen de camino al lago.
-Tengo muchas ganas de fiesta. –Comenta Rebeca.
-Eso es porque vas a ver a tu chico de ojos verdes.
Te tiene loca.
-No exageres. Tengo ganas de verlo. Pero no sé ni de
que vamos a hablar. Qué vergüenza. Yo creo que es mejor que no lo vea.
-No seas tonta Rebeca. Vamos a pasarlo bien esta
noche.
Kate aparca y las chicas se reúnen con el resto de
la gente.
-¡Reb! ¡Qué guapa! –Exclama Caroline cuando la ve.
-Gracias Carol. Tú también.
-Ya sé que yo también estoy guapa. No hace falta que
me lo digáis. –Dice Kate entre risas.
-Tú estás guapa siempre Kate. –Le dice Helen.
-Ya lo sé. – Todas las amigas ríen. Entonces
aparecen los chicos.
-Kate, ¿podemos hablar? –Pregunta Dan cuando se
acerca ella.
-Claro. –Ambos se van. Hablan de algo y no tardan en
volver. Kate se acerca a April y se va a charlar con los demás. April se acerca
a Rebeca.
-Reb, ¿te vienes a por algo de beber? Me muero de
sed. –Casi la arrastra hasta las bebidas. Cuando llegan a April le suena el
móvil. –Rebeca, espérame aquí n momento, no tardo.
-Vale, aquí te espero. –Se sirve un vaso con un
refresco de limón cuando alguien le da en la espalda.
-Ten cuidado al girarte, no me vayas a tirar eso
encima. –Una voz aguda suena detrás de ella. Se pone muy nerviosa. Se gira y lo
ve. A Rebeca se le pone la sonrisa más tonta de toda su vida.
-No, tranquilo. Estoy mejorando.
-Me alegra oír eso. –Entonces deja mostrar su
perfecta dentadura. –Y también me alegra verte aquí. –Rebeca se sonroja.
-A mí también me alegra verte aquí.
-Bueno, yo me llamo Paul. Paul Patterson. –El chico
le da la mano a la par que sonríe. Un momento extraño cuando ambos se tocan. Se
miran a los ojos, y se dan cuenta de que llevan demasiado tiempo con las manos
unidas. Se sueltan. Y tú, ¿cómo te llamas?
-Eh… yo… yo me llamo Rebeca. Rebeca Mendoza. –Dice nerviosa.
Y se vuelven a dar la mano, lo que lleva a otro momento extraño.
-Encantado Rebeca Mendoza.
-Lo mismo digo Paul Patterson. –Ambos se miran y
sonríen.
-Eres nueva en la ciudad ¿no?
-Se me nota, ¿no?
-No, solo que si te hubiera visto antes, me
acordaría. –Rebeca no puede evitar soltar una carcajada.
-Esa frase está muy usada.
-Sí, ¿no? Se
me da fatal echar piropos. –Y vuelven a reír. Parece un chico simpático.
-Bueno, ¿y vas al instituto?
-Claro, ¿y tú?
-También. Es solo que no te he visto nunca. –Rebeca sabe
que si lo hubiera visto, ella sí que se acordaría.
-Es que he estado fuera por problema familiares. –Rebeca
de repente, recuerda algo.
-¿En Carolina del Sur porque tu abuela está enferma?
–Ahora lo entiende.
-Sí. ¿Cómo lo sabes? –Paul la mira asombrado. Ahora
lo entiende él.
-¡Tú eres esa Rebeca!
-¡Tú eres ese Paul! –Dicen ambos al unísono.
-Voy a matar a mis amigos. ¿Tú sabías algo? –No parece
muy disgustado con que ella sea esa chica.
-No. Me habían hablado de ti. Pero no me esperaba
que fueses tú. Sería mucha casualidad. La verdad, es que las chicas estaban muy
raras.
-A mí, querían convencerme para que tuviera una cita
contigo.
-Bueno, son unos exagerados.
-Sí, pero si llego a saber que eres tú, no habría
dicho que no. –Se produce un silencio. Rebeca siente un cosquilleo en el
estómago. Parece muy sincero.
-Me gusta oír eso. –Rebeca mira alrededor y ve a sus
amigos mirando descaradamente.
-No sé si te has dado cuenta de que nos están
espiando. –Rebeca sonríe nerviosamente.
-¿Y si nos vamos y los perdemos de vista?
-No es mala idea. – Está como un flan.
Ambos se van y llegan a un puente, fuera de la vista
de curiosos. Charlan animadamente, casi parece que el tiempo se ha parado,
hasta que el móvil de Rebeca suena. Es un mensaje de Kate; Reb, lo siento, me
he tenido que ir con Gary… ya te contaré. Muchos besos. PD: me lo agradecerás.
-¿Quién es? Se te ha cambiado la cara. ¿Es malo?
-Pues, sí. Kate me ha dejado tirada. Se ha ido.
-Bueno, no te preocupes. Yo puedo acercarte a casa.
-No te moleste. Se lo diré a Helen, April o
Caroline. No pasa nada.
-No es molesta. Por mi no hay ningún problema.
-Pero… -Está deseando que la lleve.
-Insisto.
-Vale. –Rebeca vuelve a ponerse como un tomate y él
muestra su dentadura de nuevo.
-¿Quieres que nos vayamos ya?
-Sí, ya es tarde. Y mañana tengo que estudiar. Esto
de estudiar en inglés cuesta más de lo que parece.
-Yo puede ayudarte si quieres. –Eso sí que no se lo
esperaba.
-Pero, ¿tú sabes español? –Rebeca no puede estar más
sorprendida.
-Estuve viviendo en España casi un año.
-¿Sí? ¿Dónde? – ¿A este chico le falta algo?
-En Madrid. Me encantó. –Definitivamente es
perfecto.
-¡Wau! Qué sorpresa.
-¿Entonces quieres que te ayude?
-Sí, claro. Me encantaría. –Está emocionadísima con
la idea.
-Estupendo. Cobro doce dólares la hora. –Lo dice muy
serio y Rebeca no sabe que decir. Entonces el chico no puede más y suelta una
carcajada. –Es broma, no pienso cobrarte nada.
-Bueno… yo… -Él la interrumpe.
-Anda, déjalo y vámonos, que se hace tarde. –Se mete
las manos en los bolsillos de la sudadera y comienza a andar con una sonrisa.
Ella lo sigue hasta que llegan a su coche. Él le abre la puerta y Rebeca vuele
a sonrojarse.
-Gracias. –Dice mientras sube al coche. Él se da
cuenta de su rubor y sonríe para sí. En poco tiempo llegan a casa de Rebeca,
que tiene todas las luces apagadas.
-¿Quieres que quedemos mañana en la biblioteca? –Pregunta
él antes de que Rebeca se baje del coche.
-Claro, sí. – Y vuelve a ruborizarse. Se pregunta si
en algún momento ha dejado de estarlo.
¿Quieres que pase buscarte a las tres?
-Vale, me parece bien. –Ambos sonríen. –Bueno y
gracias por traerme. Lo he pasado muy bien. Hasta mañana.
-Yo también. Hasta mañana. –Y sonríe. Rebeca abre la
puerta del coche, se baja y se dirige a la puerta. Cuando llega se gira y se
despide de él con la mano, él le responde de la misma forma. El coche arranca y
Rebeca entra en casa sin hacer ruido. Sube las escaleras hasta su habitación,
se pone el pijama y se desmaquilla. Está cansada, pero no cree que pueda dormir
mucho. Esta noche ha sido increíble. Mañana lo volverá a ver. Va a ser su
profesor particular. No se lo puede creer. Está emocionada. Rebeca no sabe que
a partir de mañana, empezará a tener una gran cantidad de sorpresas. Puede que
buenas, puede que malas.
jueves, 6 de septiembre de 2012
Capítulo cuarto.
Ya es jueves y la semana ha transcurrido muy muy
bien. Los chicos han hecho todo lo posible para que esté lo más a gusto
posible. Están otra vez en la cafetería. Todos están sentados en una mesa
charlando tranquilamente.
-Eh, Rebeca, ¿vas a venir a la fiesta del lago el
viernes? – Pregunta Gary.
-Sí Rebeca, ven con nosotros, lo pasaremos bien.
Será divertido.- -Kate también está de acuerdo en que Rebeca vaya.
-Sí. Así conocerás a Paul. –Comenta April. Todos se
miran entre ellos y sonríen.
-¿Paul? ¿Quién es Paul? -¿Más gente? Le está empezando a gustar mucho
el instituto.
-Es uno de nuestros amigos. Está en Carolina del Sur
visitando a su abuela que está enferma. Pero mañana vendrá a la fiesta. Es una
tradición. –Dan parece muy emocionado
con la fiesta.
-Venga Rebeca, vente. Será muy divertido. Irá todo
el mundo. –Dan está emocionado con la fiesta pero Caroline no es menos.
-Será tu primera fiesta en EEUU. – Comenta Helen.
-Bueno… Está bien. Iré. –Rebeca sonríe.
-¡¡¡Bien!!! –Gritan todos al unísono. Rebeca se
siente feliz de la reacción de sus amigos. Presiente que mañana será un gran
día.
-¿Quieres venir a mi casa esta tarde? –Le pregunta
Kate. –Iremos todas.
-Vale.
-¿Te paso a recoger a las cuatro?
-Vale.
-¿Puedo ir yo también Kate? –Pregunta Dan con voz
melosa.
-Ni lo sueñes Dan.
-Venga, si estás deseando que vaya.
-En la vida. –Todos ríen.
-Tarde o temprano me dejarás ir.
-Yo creo que más tarde que temprano Dan.
Parecen buenas
personas. Aunque no hay que juzgar por las apariencias. Pero lo cierto
es que todos la han acogido como una más desde el principio y eso cuenta mucho
a su favor. Cuando los ve a todos juntos recuerda a sus amigas. Las extraña
mucho. Demasiado. Ojala las vea pronto.
La mañana pasa y Rebeca llega a su casa. Está sola
con los gemelos.
-Alex llegará a las cuatro, asique poneos a hacer
los deberes.
-Porque tú lo digas. –Replica Agustín.
-Bueno haced lo que os dé la gana. Yo me voy a hacer
los deberes. No la lieis.
-Claro que no. ¿Por quién nos has tomado? –Pregunta
Álvaro.
-Mejor no contesto. Me voy a mi cuarto.
Mientras sube las escaleras, llama a su madre.
Después de tres bips, ésta contesta.
-Hola mamá.
-Hola cariño.
-Mamá, que esta tarde voy a casa de una amiga que me
ha invitado a su casa. Ah y el viernes me han invitado a una fiesta en el lago.
¿Puedo ir?
-Ay cariño como me alegro. Claro que sí. Pásalo
bien. Pero ten mucho cuidado. ¿Quieres que vaya a recogerte cuando salga de
trabajar?
-Claro. Cuando llegue te mando la dirección.
-Vale cariño. Te quiero.
-Yo también te quiero mamá.
Rebeca cuelga con una sonrisa. Su madre es la mejor.
Sube a su cuarto y comienza a hacer los pocos deberes que tiene para mañana, le
está costando bastante hacer los deberes. Una cosa es hablar con personas y
otra muy distinta hacer los deberes. Va a necesitar ayuda. Cuando se da cuenta
son casi las cuatro. Abajo suena como alguien abre la puerta. Rebeca baja y ve
a Alex, que ya ha venido de trabajar. Poco tiempo después, suena el timbre.
-Alex me voy. Mamá me va a buscar cuando salga de
trabajar.
-Vale, ten cuidado. Cualquier cosa me llamas.
-Vale. Te quiero.
-Yo también enana.
Rebeca abre la puerta y ve a Kate.
-¡Hola! ¿Nos vamos? –Pregunta Rebeca.
-Claro. Vamos.
Las chicas suben al coche de la rubia y se dirigen a
casa de ésta. No está muy lejos. A unos quince minutos. Rebeca le manda el
mensaje a su madre y entra en casa de Kate. La tarde transcurre divertida.
Hablan de los chicos.
-Creo que mañana puede que pase algo con Gary. –Comenta
Kate.
-¿Sí? ¿Te gusta? –Pregunta Rebeca.
-La verdad… es que sí. Llevamos un tiempo hablando
por la noche y tal. Pero todavía no ha pasado nada. Me ha dicho que mañana
quiere hablar conmigo de algo muy importante… -Kate se sonroja.
-Bueno está dicho. Mañana surgirá el amor. –Bromea Rebeca.
Se siente muy bien con aquellas chicas.
-Y a ti Reb, ¿no te gusta ninguno de los chicos? –Pregunta
Caroline.
-No, que va. Son todos muy guapos, pero no me gusta
ninguno.
-Pero a ti te gusta alguien. Que se te nota.
-Bueno…
-¡Ah! –Gritan las cuatro amigas a la vez.
-¡Cuéntanos quién es! –Exclama Helen.
-Pues, no lo conozco de nada, pero es un chico
guapísimo.
-¿Cómo lo conociste? –Pregunta April.
-Pues, el lunes salí a correr por la mañana antes de
ir a clase, y cuando estaba llegando a casa, me choqué con él. Los dos caímos
al suelo. No he pasado más vergüenza en mi vida. –Las amigas la escuchan intrigadas.
–Y cuando lo miré, me quedé helada. Era guapísimo. Castaño de ojos verdes. –Las
amigas se miran cómplices.
-A lo mejor va a la fiesta del lago. –Comenta Caroline.
-¡Ojala! –Exclama Rebeca.
-¿Lo has vuelto a ver? –Pregunta Helen.
-No… -Rebeca está deseando volver a verlo.
-Puede que mañana sea el día… -Comenta Kate.
-Puede…
-Lo verás, y te enamorarás, lo enamorarás, os
casaréis y tendréis cuatro hijos, dos gatos y un perro. Y seréis felices y comeréis
perdices. –Bromea Helen.
-¡Qué peliculera eres Helen! –Exclama April.
Las cinco amigas ríen y siguen charlando hasta que
llega la hora de irse.
-Bueno chicas yo me tengo que ir. Nos vemos mañana.
Lo he pasado muy bien. –Dice Rebeca.
Se despide de la chicas y sale de la casa de Kate
dónde la espera su madre. Rebeca entra en el coche y le da un beso a su madre.
-Hola mamá.
-Hola tesoro. ¿Cómo lo has pasado?
-Muy bien. Me caen geniales estas chicas.
-Me alegro mucho cariño.
-Mamá, siento mucho mi reacción al principio. Tenía
miedo.
-No te preocupes cariño. Sé que es difícil. Pero
todo es acostumbrarse. Me alegro de que lo comprendas.
-Yo también me alegro mamá.
Madre e hija sonríen en el coche de camino a casa.
Cuando entran en casa, la mesa ya está puesta.
-¡Ya está aquí las dos reinas de la casa! –Exclama Gabriel
desde la cocina. Su mujer le da un suave beso en los labios y su hija un beso
en la mejilla. Todos se sientan alrededor de la mesa a comer el puré de patatas
y el pollo que Gabriel ha preparado. Cuando terminan de cenar, Rebeca sale a
tirar la basura. Tira la basura y justo cuando se da la vuelta se cocha con alguien.
-¡Perdón! ¡Lo siento! –Exclama Rebeca.
-No pasa nada. Culpa mía.
Rebeca lo mira, y no puede creer lo que está viendo.
-¡Ey! Tú otra vez. ¿Siempre nos vamos a encontrar
así? –El chico sonríe.
Rebeca no puede creerlo. Es él. ¡Él! ¡Él!
-Sí. Parece que soy la chica más patosa del mundo. –No
sabe ni lo que está diciendo.
-Bueno yo también tengo culpa. No miro por donde
voy.
Es increíblemente guapo y se acuerda de ella. ¿Está
soñando? ¿Se ha levantado esta mañana o sigue durmiendo? La segunda opción es
la mejor.
-Bueno, pero ahora de noche es normal. –Será tonta.
No dice más que tonterías.
-Tienes razón. –El chico de ojos verdes sonríe y
deja mostrar su perfecta dentadura.
-Bueno yo… -A Rebeca no le da tiempo a decir nada
más porque el chico la interrumpe.
-¿vas a la fiesta del lago mañana? -¿Qué? ¿Cómo? ¿A Dónde?
-Sí… supongo que sí que iré. –Tiene que estar
dormida. No le queda otra.
-Genial. Entonces te veré allí. Espero que no
tropecemos al lado del lago y nos caigamos dentro. –Bromea el chico. Rebeca ríe
nerviosamente.
-Eso espero yo también. Bueno, tengo que irme.
-Sí, yo también. Espero verte mañana.
Rebeca sonríe tímidamente y se va. Está nerviosa,
feliz y eufórica. Mañana lo verá. No le ha preguntado ni como se llama. Bueno
mañana se lo preguntará. Pero Rebeca no tiene ni idea de cómo transcurrirá el
día de mañana.
miércoles, 5 de septiembre de 2012
Capítulo tercero.
Los días pasan muy deprisa en su casa. Su casa.
Todavía le cuesta pensar en ese lugar como su casa. Aunque cada vez ese lugar
se va pareciendo más a un hogar. Entre los de la mudanza las limpiadoras y su
familia de un lado para otro, las cosas pareen que van demasiado rápido. La casa
está quedando más bonita de lo que imaginaba. El salón está increíble con los
sofás color chocolate y repletos de cojines. Las cortinas, a los lados de los
enormes ventanales, parecen interminables. Su madre se está esforzando mucho
para que ese lugar se convierta en su nuevo hogar. Pero, lo que más le gusta,
sin duda, es su nueva habitación. Tiene una cama de matrimonio para ella sola
con unas preciosas ventanas encima. El vestuario ya está lleno de ropa y su
escritorio ya está repleta de libros que le harán falta para cuando empiece su
nuevo curso. Su cuarto de baño es enorme, en unos tonos crudos y celestes que
la enamoran. A su habitación no le fatal de nada.
Es domingo y está nerviosa, por lo que decide salir
a correr por la mañana para relajarse. Es tarde. Son las doce y no consigue
dormir. Pero después de dar muchas vueltas en la cama, consigue dormirse. A las
seis de la mañana el despertador suena y Rebeca salta de la cama. Está llena de
energía. Demasiada quizá. Se pone unas mayas negras con una camiseta blanca y
una sudadera azul con sus deportes. Entra en el cuarto de baño, se lava la cara
y se hace una cola alta. Cuando sale coge su ipod y el móvil y baja las
escaleras. Es muy temprano y todos están dormidos asique procura no hacer
ruido. Rebeca coge las llaves de la mesita de la entrada y sale de casa. Tiene
que estar en clase a las ocho y media, asique tiene solo cuarenta minutos para
correr. Menos mal que el instituto está cerca sino se hubiese tenido que
levantar más temprano. Pone el cronómetro, enciende el ipod y comienza a
correr. Nota que al principio le cuesta, pero consigue aguantar. A medida que
pasa el tiempo nota como empiezan a llenarse las calles. Cuando apaga el ipod
porque está llegando a casa. Se cocha con alguien y ambos caen al suelo.
-¡Perdón! Lo siento mucho. De verdad. Iba distraída
y no miraba por donde iba. –Rebeca está muerta de vergüenza.
-No te preocupes. Yo también estaba distraído. Tenía
que haberme dado cuenta de que venías.
Rebeca, que ya se ha levantado, mira al joven de
pelo castaño y ojos verdes que está a su lado. Es guapísimo.
-Insisto en que es culpa mia. – Y sonríe. Rebeca
también sonríe. Entonces se produce un silencio. Un momento realmente incómodo,
hasta que Rebeca habla.
-Bueno, me tengo que ir, si no llegaré tarde a
clase. –Rebeca se despide antes de que al chico le de tiempo a decir nada más.
En un momento llega a su casa y entra. Cuando abre la puerta le llega un olor a
tostadas recién hechas. Su familia está en la cocina. Hoy es el primer día para
todos.
-Buenos días Rebeca. –Begoña le da un beso en la
mejilla. –Has madrugado mucho.
-Sí. He salido a correr para despejarme.
-Pues corre, dúchate y desayunamos todos juntos.
-Vale, no tardo.
Rebeca sube las escaleras y rápido entra en la
ducha. Se lava el pelo también. Cuando termina se pone las toallas y se dirije
al vestidor. Escoje una blusa cerrada de media manga con encaje y unos vaqueros
con unas sandalias doradas.Tiene todavía la toalla en la cabeza pero baja a
desayunar.
-Cariño, papá os llevará a ti y a los gemelos y
luego os recogerá a las tres.
-Vale.
Rebeca termina de desayunar y sube su cuarto. Se seca el pelo y se lo plancha.
También se pita un poco. Baja, le da un
beso a su madre y a Alex, y sale de la casa donde su padre y sus hermanos la
esperan montandos en el coche. Rebeca sube y comienza su camino hasta lo que
ella piensa que es el inferno. Ella se baja la última y su padre la para antes
de bajar:
-Rebeca, tranquila, puedes hacerlo. Verás como será
un gran día. –Su padre le da un beso en la frente.
-Lo sé papá. –Y ella le da un beso en la mejilla.
Rebeca baja del coche, respira hondo y se dirije
hacia la puerta del instituto. Hay mucha gente, algunos la miran, otros
simplemente no se han dado cuenta de que hay una alumna nueva. Entra en el
instituto y pronto encuentra la sala de orientación en la que hay ua mujer
mayor con el pelo canoso y cara de pocos amigos. Ésta le da los buenos días y
le pregunta que qué quiere. Rebeca le dice que es nueva y le da su nombre. La
mujer busca algo en el ordenador y saca un horario y unas llaves, le dice la
convinación y se la apunta. Rebeca sale de la sala y mira su horario. A primera
hora tiene química en la segunda planta. Sube pero no consigue encontrar la
clase asique reune el valor suficiente para preguntarle a un grupo de tres
chicas que hablan al lado de sus taquillas.
-Perdonad,¿sabéis dónde está la clase de química? –Las
tres chicas se giran y la miran. Una rubia de pelo rizado y ojos azules, la
mira y sonríe.
-Eres nueva,¿verdad?
-Sí. Es que llevo un rato buscando la clase de
química y no la enccuentro.
-Yo voy a esa clase. Te acompaño. Chicas nos vemos
luego. –Las amigas se despiden y la chica acompaña a Rebeca.
-Por cierto, me llamo Kate.
-Yo soy Rebeca.
Las jóvenes conversan de camino a la clase de
química. Entran y se sientan juntas. Dos minutos después entra un hombre de
mediana edad con el pelo canoso con gafas y comienza a hablar.
-Hoy tenemos una nueva alumna con nosotros. Señorita
Mendoza, bienvenida a mi clase. Espero que su estancia sea lo más grata
posible. –Rebeca se muere de la vergüenza. Todos la miran.
-Es un borde, ya lo verás. – Y se ríe.
-Bueno, creo que lo soportaré. –Rebeca ríe mientras
pone su móvil en silencio.
La clase transcurre tranquila. El profesor de
química está hablando de moles y gramos cuando el tiempre suena y todos los
alumnos se levantan a la vez. Kate para a Rebeca y le pregunta qué clase tiene
hoy.
-Yo tengo ahora historia en la primera planta. –Rebeca
saca su horario. Al parecer ella no tiene historia.
-Yo tengo matemáticas en esta planta.
-Ah, bueno , pues te acompaño y nos vemos en la
cafetería a la hora de comer. Por si no nos volvemos a ver. ¿Qué te parece?- Kte
parece una chica simpática y extrovertida. Durante la clase anterior no a
parado de hablar con ella y con la chica de atrás. No sabe si después sacara
buenas notas, porque habla demasiado. Pero le cae bien.
-Estupendo. Allí nos vemos.
Kate acompaña a Rebeca a la clase de matemáticas al
final del pasillo, y se despiden. Parece que el día no está saliendo nada mal.
La profesora de mates presenta a Rebeca a la clase y e d instrucciones de lo
que están dando. Curiosamente están dando funciones. Algo que ella ya domina.
La clase se presenta tranquila, más bien aburrida. Una chica de pelo rizado,
morena y de ojos marrones, se ofrece a dejarle sus apuntes para que se ponga al
día. Parece una chica agradable.
La mañana transcurre entre francés e historia y
pronto llega la hora del almuerzo. Tarda poco en encontrar la cafetería, en la
primera planta, y encuentra a Kate que está sentada con cuatro chicas. Reconoce
a una de ellas.
-Hola Rebeca. –Saluda Kate con etusiasmo.
-Hola. –Sonríe tímidamente.
-Chicas, esta es Rebeca, va a mi clase de química.
Es nueva.
-Hola Rebeca, yo soy April. Vamos juntas a
mates,¿recuerdas?
-Claro que me aucerdo. Seguro que tus apuntes me
ayudan mucho. –Rebeca se siente extrañamente tranquila.
-Yo soy Helen y esta es Caroline. Encantadas de
conocerte. –La dos últimas chicas son de estatura media. La primera es morena
de ojos azules y la segunda rubia con los ojos verdes. Las cuatro son muy
guapas y parecen muy buenas amigas. Le recuerda a ella y a sus amigas
españolas. Las echa mucho de menos. Rebeca se sienta y todas comienzan a
preguntarle todo tipo de cosas. La escuchan atentamente. Están casi terminando
de almorzar cuando cuatro chicos se acercan a su mesa. Rebeca los mira
atentamente. Son muy guapos. Dos rubios y dos morenos. Son los típicos chicos
que te enamoran solo con verlos.
-Mira Dan, esta es Rebeca, es nueva en el insituto.
Y española.
-Hola Rebeca, encantado de conocerte. –Rebeca le da
la mano. Se siente rara. No está acostumbrada a saludar así. Dan es un chico
guapo, moreno con los ojos celestes.
-Lo mismo digo Dan.
-Mira, estos son Harry, Peter y Gary. -¡Qué chicos
tan guapos! Peter y Gary son rubios con los ojos verdes y marrones
respectivamente. Harry es el otro moreno con unos increíblemente grandes ojos
marrones.
-Encantada chicos. –Es una situación extrañana. No
esperaba conocer a tanta gente hoy. Parece que su padre tenía razón. Siente que
el instituto no es tan malo como pensaba.
-Nosotros también. – Responde Peter.
-Bueno, yo me tengo que ir. Tengo inglés.
-Yo también tengo inglés. –Contesta Gary.
-Yo también. –Dice April.
Los tres se levantan, se despiden de los demás y se
dirijen a su clase de inglés. Hablan animadamente. Rebeca piensa que debería
sentirse incómoda, pero todo lo contrario. Hacen lo posible para que ella
participe. Los tres se sientan juntos y pocos minutos después entra el profesor
de inglés. El Señor Jonson. Es un joven simpático y agradable. Vuelven a
presentarla a la clase. Le gusta. Hablan de un libro que deberán leer. Cuando
dan las tres Rebeca se despide de sus nuevos amigos y va al coche donde su
padre la espera. Está feliz. Tiene ganas de contárselo a Alex. Piensa que no
estará tan mal como esperaba. Pero no tiene ni idea de lo que pasará cuando
vaya terminando la semana.
martes, 4 de septiembre de 2012
Capítulo segundo.
Hablar con Emilio no ha sido fácil. No se lo ha tomado nada bien al principio, aunque al final, terminó entendiéndola. Las semanas pasan muy de prisa y antes de que se de cuenta, está con las maletas hechas todo empaquetado y de camino a Nueva York. Va a echar de menos España. Y sobre todo a sus amigas. No puede creer que no las vaya a ver en tanto tiempo. Mientras está sentada en el asiento del avión piensa en la fiesta sorpresa de despedida que le organizaron todas. Todos sus amigos estaban allí. No va a ser fácil acostumbrase a una vida neoyorquina. Está dejando atrás toda una vida, pero en Nueva York le espera otra llena de sorpresas. Sus padres le han dado una grata sorpresa viajando en business. Es increíble. Las ocho horas de avión se van a pasar rápido. Alex está sentado a su lado ojeando una revista. Mientras, Rebeca mira su cámara con las fotos de la fiesta del día anterior. Alex la mira con ternura.
-Se que los vas a echar de menos, pero allí también harás nuevos amigos.
-Sí, pero eso no se consigue de un día para otro Alex. Me da miedo el primer día, y no solo el primero, también lo siguientes.
-Todos vamos a estar ahí para ayudarte Reb. No puedes dejar que eso te domine. Bueno, cambiemos de tema.¿No tienes ganas de saber como será la casa?
-Pues la verdad... es que sí.-Dice sonriendo.
-Lo ves, no todo es malo. Vamos a tener una casa nueva. Viviremos en Queens, será estupendo.
-¿Tu crees?
-Estoy seguro.
-Bueno, creo que voy a ver una película.hombre muy elegante
-¿Cuáles hay?
-Mmm... No sé espera. Mira, está Pearl Habor. ¿Quieres verla?
-La has visto mil veces.
-Ya, pero me encanta y dura tres horas.
-Está bien, selecciónala.
No entiende por qué cada vez que ve esta película llora. Si siempre sabe lo que va a pasar. Pero sin embargo no puede evitarlo. Su hermano no deja de reírse. No soporta que haga eso. Todavía quedan cinco horas. Una azafata vestida con su uniforme azul y rojo se acerca a sus asiento y les pregunta que si quieren algo. Ambos aceptan y toman una Coca-Cola. Las horas pasan deprisa. Cuando se da cuenta sólo queda una escasa media hora para llegar a Nueva York. Rebeca está nerviosa. Piensa que hoy será el comienzo de una vida diferente a la que va a tener que acostumbrarse.
Cuando el avión aterriza son las doce y diez, hora local. Al salir del aeropuerto un coche negro muy elegante negro, los está esperando. Un hombre muy bien vestido sujeta un pequeño cartel con los apellidos Mendoza Vázquez. Su padre habla con él en un inglés perfecto y cuando termina le traduce a su familia.
-Dice que ellos se encargarán de llevarnos a casa.
"A casa." Piensa Rebeca. Se montan en el coche que los dirige a su nuevo hogar. De camino a la nueva casa, Rebeca va con la cabeza baja. No quiere mirar por la ventana.
-Mira cariño,¿no te gusta?-Le pregunta su madre.
-¡Sí! Es sólo que estoy un poco mareada.
-Bueno, tranquila, cuando lleguemos y dejemos las cosas, iremos a comer algo y nos despejamos que han sido muchas horas en el avión.-Contesta su padre. Parece entusiasmado con su nueva vida aquí. Aunque no es el único. Sus dos hermanos pequeños tienen los ojos llenos de ilusión. Su madre por otra parte se muestra preocupada de que sus dos hijos mayores estén disgustados. Pero sabes que se acostumbrarán tarde o temprano.
En unos escasos treinta minutos llegan a su nuevo hogar. Por fin Rebeca mira por la ventanilla. Es increíblemente increíble. Tiene cuanto ¿dos, tres plantas? No puede ser. Tiene unas escaleras a la entrada del porche, un enorme balcón en el centro de la fachada y un sinfín de ventanas. Todos sus hermanos están fascinados, pero ella no es menos. ¿Esa va a ser de verdad su casa? Tiene que ser una broma. Será otra casa. Sí, eso es. Tiene que ser eso.
-Bienvenidos a nuestra nueva casa.-Dice su madre con una sonrisa en la cara.
Pues va a ser que no. Esta va a ser su nuevo hogar. Acostumbrada a su antigua casa de dos plantas, tan modesta, tan tan, tan normal.
Cuando bajan del coche, se dirigen a las escaleras de la entrada.
Mientras su padre se dirige a abrir la puerta, Rebeca no puede dejar de mirar
el gran porche vacío. Cuando la puerta se abre, se escuchan exclamaciones de
todos los miembros de la familia. Rebeca está deslumbrada por aquella enorme
casa a la que se tendrá que acostumbrar
a llamar hogar. Lo primero que ve es una gran escalera al final del
pasillo. Cuando mira a su derecha ve lo que debe ser el salón y a la derecha
una cocina en, marrón y beig, con una mesa de mampostería y una chimenea en la
que se puede poner una pequeña salita. La familia entra en el salón, en el que
hay uno enormes ventanales que le dan una luminidad espectacular a la casa. Al
final del pasillo, al lado de la escalera, hay un precioso baño moderno en
blanco y negro con una gran bañera.
-¿Queréis subir a la planta de arriba?-Pregunta Gabriel su familia.
-Claro que sí.-Responde Alex.
La familia sube a la segunda planta y descubren cuatro habitaciones
con baños independientes. Los pequeños eligen sus habitaciones. Mientras, los demás
suben a la tercera planta en la que solo hay una enorme habitación con su
propio baño.
-Rebeca, hemos pensado que esta podría ser tu habitación. Es la más
grande y tiene una terraza muy bonita.-Anuncia Begoña mientras la agarra por
los hombros.
-Pero mamá, ¿papá y tú no la queréis? O tú Alex.
Seguro que no cariño. Aquí puedes estudiar tranquila sin que nadie te
moleste. Y mira, esto es lo mejor.
Su adre la guía hacia la parte izquierda de la habitación y habre dos
puerta de un color blanco crudo y se ve un pasillo con dos enormes estanterías para
llenar de ropa a los lados.
-¡Dios mío!-Rebeca no cabe en su asombro. Ese armario es precioso. Es
como el de Carrie, de Sexo en Nueva York. Es lo más bonito que ha biesto nunca.
–Me encanta mamá, en serio. –Por primera vez, desde que supo la noticia, siente
ilusión.
-Sabíamos que te gustaría, por eso queríamos darte la sorpresa. –Responde
su padre.
-¿Seguro que no la quieres, Alex? –Realmente espera que diga que no.
Le encanta la habitación.
- Claro que no. Yo no tengo tanta ropa como para llenar este armario.
El rostro de Rebeca se ilumina. Siempre había querido un cuarto como
ese. Lo que no piensa que sea tan fantástico es el instituto. Comenzarlo cuando
este ya empezó un mes atrás, no le entusiasma demasiado.
-Los de la mudanza legarán dentro de unas horas. Y esperemos que para
el lunes esté todo listo. – Anuncia Gabriel a su familia.
-¿Estás seguro de que en cuatro días estará todo listo? – Pregunta Begoña
a su marido no muy convencida.
-Esperemos que sí.
-Bueno vámonos a comer algo y para cuando vengan los de la mudanza ya
estaremos aquí. – Dice Begoña. - Y luego iremos a hacer algunas compras.
Todos salen de la casa y se montan en el coche que antes los dejó en
su nueva casa. Cuando Rebeca sube al coche se da cuenta de que su nueva vida,
pero no tiene ni idea de lo nueva que será.
viernes, 3 de agosto de 2012
Capítulo primero.
Para Rebeca hoy es un día de verano como cualquier otro. Cuando se levanta su madre, Begoña, está sirviendo el desayuno mientras su padre, Gabriel, pone la mesa. Su madre la mira y le sonríe.
-Buenos días cielo.
-Buenos días.
Rebeca suelta un bostezo. Su padre la mira y ríe para si.
-Buenos días cariño.
-Buenos días papá.
-Rebeca llama a Álvaro y a Agustín, están en el salón viendo la tele.
-Vale. ¿Y Alex?
-Durmiendo todavía. Llámalo también.-Le dice su padre.-Hay tortitas. Daos prisa, tenemos que hablar con vosotros.
Esa frase deja a Rebeca un poco preocupada.
-¿De qué?
-Llama a tus hermanos y hablamos.
-Vale.
Cuando Rebeca va al salón a buscar a sus hermanos, están viendo Zoe 101.
-Vamos a desayunar, que papá y mamá quieren hablar con nosotros.
-Nosotros no hemos hecho nada.-Contesta sobresaltado Agustín.
-Más os vale.-Les dice ella sin estar muy segura de la afirmación de su hermano pequeño. Álvaro y Agustín son gemelos, tienen doce años y siempre están haciendo de las suyas. Nunca dejan de incordiarla. Son rubios de ojos verdes. Aunque a su hermana le cueste reconocerlo, sabe que dentro de unos años serán unos rompecorazones.
-¿Y Alex?-Pregunta Álvaro.
-Durmiendo, voy a llamarlo. Ios ya a la cocina.
Rebeca sube las escaleras y cruza el pasillo hasta la habitación de su hermano. Su hermano. La persona que más la comprende y la ayuda. Siempre dispuesto ha echarle una mano, a diferencia de sus dos hermanos pequeños. Alex tiene veinte años y es el chico más inteligente y maduro que jamás ha conocido, aunque a veces se pase de protector. Pero todo eso se queda corto para lo guapo que es. Rebeca no ha conocido a ninguna chica que no se haya derretido al verlo. Es alto, moreno con los ojos de un color celeste cristalino. Y lo mejor de todo es que no se lo tiene para nada creído.
Rebeca abre la puerta y ve en que en el cuarto solo entran unos pequeños rayos de luz por las rendijas de la persiana. Descubre a su hermano tirado en la cama, se acerca sin hacer ruido. Pretende darle un susto. Pero cuando está apunto de gritarle en el oído cuando su hermano pega un salto y le grita:
-¡¡¡¡¡BUENOS DÍAS!!!!!
-¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH!¡IDIOTA!
Grita Rebeca muy asustada. ¿Pero como la ha escuchado? Su hermano no puede parar de reír.
-¿Te creias que me ibas a asustar? Que inocente...
-Eres idiota. Me has dado un susto de muerte.
-Pues tu ibas ha hacer lo mismo.
-Ya pero...
-Anda perdóname.-Alex se acerca a su hermana y le da un abrazo.-Venga vamos a desayunar.
-Sí, que mamá y papá quieren hablar con nosotros.
-Ah bueno vale.
Alex agarra a su hermana por el hombro y bajan las escaleras hasta la cocina donde sus padres y sus hermanos están sentados alrededor de la mesa. Cuando se sienta a la mesa, mira a su familia. Si no fuera porque es igual que su abuela materna y porque su hermano también es moreno, pensaría que es adoptada. Su madre, rubia de ojos azules, su padre, castaño de ojos verdes, sus hermanos pequeños, rubios de ojos verdes, su hermano mayor moreno de ojos celestes, y ella, morena de ojos marrones. Mientras está sumida en sus pensamientos cuando su madre la hace volver a la realidad.
-Bueno, vuestro padre y yo tenemos que deciros algo muy importante que deciros.
-Antes de que digáis nada, escudad a vuestra madre, esto es muy importante para ella.
-Como ya sabéis, el negocio va muy bien, y parece que se han enterado muchas sucursales, y una de ellas, Designmyselfdestination, nos han propuesto asociarnos y ser la directora creativa.
-¿Designmyselfdestination?-Pregunta Alex.-¿Eso dónde está?
-En Nueva York.-Contesta Gabriel.
-¿En Nueva York?-Pregunta Rebeca. No cabe en su asombro.
-Sí. Y eso supondría irnos allí a vivir.-Dice Begoña asustada por cómo podrían reaccionar sus hijos.
-¿Cómo? ¿A Nueva York? ¿Cuánto tiempo? ¿Cuándo? Pero...pero... esto no puede ser...-Rebeca no sabe como asimilarlo.
-Pues en Septiembre, y el tiempo no lo sabemos, como mínimo estaremos dos años, pero podremos quedarnos indefinidamente.-Contesta Begoña.
-¿Y que pasará con el colegio de los gemelos? ¿Y el instituto de Rebeca? ¿Y el trabajo de papá? ¿Dejará el buffete? ¿Y yo qué? Estoy haciendo las prácticas en el hospital y...
-Para Alex. No hagas tantas preguntas.-Le interrumpe su padre.-Deja hablar a tu madre.
-Está bien, os explico: El colegio de los gemelos y de Rebeca está solucionado. Papá trabajará para otro buffete, y tú cariño, puedes elegir si venirte o no. Nosotros estaremos encantados de que te vengas con nosotros. Te hemos encontrado un trabajo en el North General Hospital como enfermero. Puedes hacer lo que quieras, pero nosotros preferiríamos que te vinieses con nosotros.
-Pero mamá yo no quiero dejar a mis amigas, no quiero dejar el instituto, no quiero tener que estudiar en inglés. No quiero irme.
-Pero cariño, será una oportunidad para aprender ingles, conocer gente nueva, ir a un instituto como los que ves en la tele, siempre me has dicho que te hubiera hecho mucha ilusión ir a un instituto así.
-Sí mamá, pero nunca imaginé que tendría que ir de verdad.
-Pues a nosotros nos hace mucha ilusión.-Comenta Álvaro.
A Begoña se le ilumina la cara.
-Yo también me voy con vosotros. No os vais a ir todos a Nueva York y me voy a quedar yo aquí.-Dice Alex mientras mira a su madre y le sonríe. A ella se le vuelve a iluminar el rostro.
-Pues yo no me quiero ir. No quiero. Estoy muy bien aquí. Tengo aquí mi vida.
-Buenos días cielo.
-Buenos días.
Rebeca suelta un bostezo. Su padre la mira y ríe para si.
-Buenos días cariño.
-Buenos días papá.
-Rebeca llama a Álvaro y a Agustín, están en el salón viendo la tele.
-Vale. ¿Y Alex?
-Durmiendo todavía. Llámalo también.-Le dice su padre.-Hay tortitas. Daos prisa, tenemos que hablar con vosotros.
Esa frase deja a Rebeca un poco preocupada.
-¿De qué?
-Llama a tus hermanos y hablamos.
-Vale.
Cuando Rebeca va al salón a buscar a sus hermanos, están viendo Zoe 101.
-Vamos a desayunar, que papá y mamá quieren hablar con nosotros.
-Nosotros no hemos hecho nada.-Contesta sobresaltado Agustín.
-Más os vale.-Les dice ella sin estar muy segura de la afirmación de su hermano pequeño. Álvaro y Agustín son gemelos, tienen doce años y siempre están haciendo de las suyas. Nunca dejan de incordiarla. Son rubios de ojos verdes. Aunque a su hermana le cueste reconocerlo, sabe que dentro de unos años serán unos rompecorazones.
-¿Y Alex?-Pregunta Álvaro.
-Durmiendo, voy a llamarlo. Ios ya a la cocina.
Rebeca sube las escaleras y cruza el pasillo hasta la habitación de su hermano. Su hermano. La persona que más la comprende y la ayuda. Siempre dispuesto ha echarle una mano, a diferencia de sus dos hermanos pequeños. Alex tiene veinte años y es el chico más inteligente y maduro que jamás ha conocido, aunque a veces se pase de protector. Pero todo eso se queda corto para lo guapo que es. Rebeca no ha conocido a ninguna chica que no se haya derretido al verlo. Es alto, moreno con los ojos de un color celeste cristalino. Y lo mejor de todo es que no se lo tiene para nada creído.
Rebeca abre la puerta y ve en que en el cuarto solo entran unos pequeños rayos de luz por las rendijas de la persiana. Descubre a su hermano tirado en la cama, se acerca sin hacer ruido. Pretende darle un susto. Pero cuando está apunto de gritarle en el oído cuando su hermano pega un salto y le grita:
-¡¡¡¡¡BUENOS DÍAS!!!!!
-¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH!¡IDIOTA!
Grita Rebeca muy asustada. ¿Pero como la ha escuchado? Su hermano no puede parar de reír.
-¿Te creias que me ibas a asustar? Que inocente...
-Eres idiota. Me has dado un susto de muerte.
-Pues tu ibas ha hacer lo mismo.
-Ya pero...
-Anda perdóname.-Alex se acerca a su hermana y le da un abrazo.-Venga vamos a desayunar.
-Sí, que mamá y papá quieren hablar con nosotros.
-Ah bueno vale.
Alex agarra a su hermana por el hombro y bajan las escaleras hasta la cocina donde sus padres y sus hermanos están sentados alrededor de la mesa. Cuando se sienta a la mesa, mira a su familia. Si no fuera porque es igual que su abuela materna y porque su hermano también es moreno, pensaría que es adoptada. Su madre, rubia de ojos azules, su padre, castaño de ojos verdes, sus hermanos pequeños, rubios de ojos verdes, su hermano mayor moreno de ojos celestes, y ella, morena de ojos marrones. Mientras está sumida en sus pensamientos cuando su madre la hace volver a la realidad.
-Bueno, vuestro padre y yo tenemos que deciros algo muy importante que deciros.
-Antes de que digáis nada, escudad a vuestra madre, esto es muy importante para ella.
-Como ya sabéis, el negocio va muy bien, y parece que se han enterado muchas sucursales, y una de ellas, Designmyselfdestination, nos han propuesto asociarnos y ser la directora creativa.
-¿Designmyselfdestination?-Pregunta Alex.-¿Eso dónde está?
-En Nueva York.-Contesta Gabriel.
-¿En Nueva York?-Pregunta Rebeca. No cabe en su asombro.
-Sí. Y eso supondría irnos allí a vivir.-Dice Begoña asustada por cómo podrían reaccionar sus hijos.
-¿Cómo? ¿A Nueva York? ¿Cuánto tiempo? ¿Cuándo? Pero...pero... esto no puede ser...-Rebeca no sabe como asimilarlo.
-Pues en Septiembre, y el tiempo no lo sabemos, como mínimo estaremos dos años, pero podremos quedarnos indefinidamente.-Contesta Begoña.
-¿Y que pasará con el colegio de los gemelos? ¿Y el instituto de Rebeca? ¿Y el trabajo de papá? ¿Dejará el buffete? ¿Y yo qué? Estoy haciendo las prácticas en el hospital y...
-Para Alex. No hagas tantas preguntas.-Le interrumpe su padre.-Deja hablar a tu madre.
-Está bien, os explico: El colegio de los gemelos y de Rebeca está solucionado. Papá trabajará para otro buffete, y tú cariño, puedes elegir si venirte o no. Nosotros estaremos encantados de que te vengas con nosotros. Te hemos encontrado un trabajo en el North General Hospital como enfermero. Puedes hacer lo que quieras, pero nosotros preferiríamos que te vinieses con nosotros.
-Pero mamá yo no quiero dejar a mis amigas, no quiero dejar el instituto, no quiero tener que estudiar en inglés. No quiero irme.
-Pero cariño, será una oportunidad para aprender ingles, conocer gente nueva, ir a un instituto como los que ves en la tele, siempre me has dicho que te hubiera hecho mucha ilusión ir a un instituto así.
-Sí mamá, pero nunca imaginé que tendría que ir de verdad.
-Pues a nosotros nos hace mucha ilusión.-Comenta Álvaro.
A Begoña se le ilumina la cara.
-Yo también me voy con vosotros. No os vais a ir todos a Nueva York y me voy a quedar yo aquí.-Dice Alex mientras mira a su madre y le sonríe. A ella se le vuelve a iluminar el rostro.
-Pues yo no me quiero ir. No quiero. Estoy muy bien aquí. Tengo aquí mi vida.
-Igual que todos Rebeca.-Le dice su padre.
-¡Que no quiero irme!-Grita Rebeca. Esta se levanta de la silla y se va. Alex se levanta detrás de ella y la sigue hasta su habitación.
-No te preocupes mamá, yo hablo con ella, no te preocupes.
Cuando Alex entra en en cuarto de Rebeca, esta esta tumbada en su cama mirando al techo.
-¡Déjame en paz! No quiero hablar con nadie.
-¿Ni conmigo? Venga, los dos sabemos lo que te pasa. Tu sueño siempre ha sido ir a Nueva York pero no quieres irte por Emilio.
-Joder Alex, estamos muy bien. No quiero irme y empezar de cero. Me gusta mucho Emilio y no quiero irme y echar por la borda estos cuatro meses.
-Pero Reb, no puedes quedarte aquí por eso, todavía te quedan muchos chicos por conocer. Pero si quieres hacemos una cosa, yo convenzo a mamá y a papá y yo me quedo aquí contigo.
-¿De veras harías eso por mi?
-Sí, pero me decepcionarías mucho Reb. Mamá está muy ilusionada con esto, sólo había que verla cuando los gemelos y yo les dijimos que íbamos. Y es Nueva York. No hagas que papá y mamá sufran porque tu no quieras ir.
-Está bien Alex. No me quejaré más. Bajaré y le diré a mamá que quiero ir a Nueva York.
¿Estás bien?
-Sí, y tienes razón, no voy a hacer que mamá sufra por mi culpa.
-Dime la verdad, en realidad estás deseando ir ¿verdad?-Su hermano la mira mientras le sonríe.
-Hablaré con Emilio. Y lo haré por todos.-Ella le devuelve la sonrisa.
-Si cuando estés allí seguro que no quieres venir.-Su hermano coge una almohada y la mira con intensidad.
-No Alex, no.-Rebeca lo mira y sonríe mientras coge la otra almohada y le da en la cabeza.
-La has cagado.-Y empiezan los dos una guerra de almohadas.Mientras, Rebeca intenta salir de la habitación y le dice a su madre desde la puerta:
-¡Mamá!¡Ve preparando las maletas que nos vamos todos a Nueva York!
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